En una larga entrevista en INNEGABLES Podcast, Ani Miller repasó su carrera bancaria, su llegada a Estados Unidos y cómo cada tropiezo se convirtió en un servicio de su empresa.
De lo que se habla
- Su ascenso en la banca venezolana y el hábito que la hizo crecer
- Por qué tuvo que dejar Venezuela y cómo la ayudó su colchón económico
- Los inicios en Amazon y el origen de cada servicio de la empresa
- La negociación de su primera oficina en plena pandemia
- Crecer por recomendación, invertir y mantener la esencia
La conversación, en detalle
En el episodio 124 de INNEGABLES Podcast, el anfitrión Edgar conversó durante más de una hora con Ani Miller, fundadora de Ani Miller Services. La charla recorrió toda su trayectoria: cómo descubrió su pasión por las finanzas a los 16 años, la carrera bancaria que la llevó en poco más de una década de pasante a vicepresidenta en Venezuela, la tragedia que la obligó a salir del país, el choque de empezar de cero en Estados Unidos y la forma en que cada tropiezo como inmigrante se convirtió en un servicio de su empresa. También habló de cómo negoció su primera oficina en plena pandemia, de por qué su negocio creció casi por completo gracias a las recomendaciones, de su manera de invertir en bienes raíces y de la disciplina que les exige a sus clientes. El episodio cerró con una ronda de preguntas rápidas en la que Ani mostró su lado más personal.
A los 16 años, una pasión que nació dentro de un banco
Edgar abrió la conversación con algo que le había llamado la atención de una entrevista anterior: que Ani descubrió su pasión por las finanzas a los 16 años, una edad en la que casi todo el mundo está pensando en otras cosas. Quiso saber cómo fue ese momento y por qué tan temprano.
Ani explicó que se graduó del high school a los 16 años, y que en su país existía un programa que ayudaba a los jóvenes recién graduados a aprender una profesión u oficio. Entró en ese programa en junio, el mes de su cumpleaños, y apenas 30 días después la entrevistaron en una entidad bancaria. Pasó todas las pruebas y entró como pasante, con el banco como patrocinador.
Desde adentro, tuvo la oportunidad de entender el mundo financiero ya no como cliente, sino desde el lado interno, y de ver el impacto que una institución financiera tiene en la vida de una persona, de una empresa y en su crecimiento.
Siento que un banco, cuando te da un préstamo, es un voto de confianza al representante de la empresa. Si sabe hacer las cosas, puede llevar a su negocio y a sus empleados al siguiente nivel. Es como una semillita que se siembra y desde ahí pueden hacer cosas maravillosas.
Para Ani, la cadena es clara: el banco presta el dinero, el empresario lo invierte bien, la empresa crece y sus empleados pueden tener una mejor calidad de vida porque se les puede pagar más.
Hija de una administradora y de un padre inversionista
Edgar le preguntó qué pensaba que sería de su vida antes de entrar al banco. Ani contó que empezó a trabajar muy joven, a los 12 años, acompañando y ayudando a su mamá en sus negocios, y que creció viendo a su papá alquilar las propiedades que tiene desde siempre. Tenía claro que sería empresaria, porque admiraba eso en su madre, pero pensaba que su camino iría más hacia el marketing: desde muy chica había firmado contratos como imagen de marcas importantes en su país, entre ellas Coca-Cola. Sin embargo, al entrar al banco descubrió algo que despertó en ella las ganas de seguir por ese rumbo.
Lo que terminó de convencerla fue el testimonio de un cliente. Ani había visto a muchas personas emocionadas al recibir su primer préstamo, pero un día llegó al banco un señor que había recibido el dinero un año antes. Lo había invertido, su empresa había crecido notablemente, y fue a llevar un detalle al banco para que supieran la magnitud de la ayuda que había representado para él.
Estar dentro del banco, explicó, también le enseñó la naturaleza de las finanzas. Cuando alguien tiene una cuenta, pone su dinero y lo gasta. Pero el banco consigue a personas con excedente de dinero, les paga una tasa baja, y presta ese dinero a quienes tienen déficit y necesitan invertir con un propósito o una idea de negocio estructurada. Ese margen es lo que genera las ganancias del banco. Verlo así, dijo, es completamente distinto a la visión de alguien que solo tiene una cuenta bancaria.
De pasante a vicepresidenta, y la decisión de irse
Edgar comentó que a los 28 años Ani ya era vicepresidenta, con lo que podría haber tenido la vida resuelta, y le preguntó por qué no se quedó. Ani reconoció que sufrió mucho al dejar esa posición. Entró al banco a los 16 y salió a los 28, casi 29, cuando se vino a Estados Unidos. En esos 12 años pasó de pasante a asesora, ejecutiva, gerente, gerente regional y, finalmente, vicepresidenta de un área de negocios.
Ya tenía su casa pagada, una casa grande y hermosa, sin deudas, y sus vehículos. Había trabajado muy duro por todo eso. Recordó que la gente cree que los bancos cierran a las cuatro de la tarde, pero en los cierres de año ella salía a veces a las dos de la mañana, asegurándose de que todos los clientes tuvieran en sus cuentas el dinero de los préstamos que habían solicitado.
Imagínate una persona de 28 años que logra llegar a un nivel de vicepresidente de una entidad financiera, donde ya había pagado mi casa, no debía nada. Había trabajado muy duro por todo lo que había construido.
Pero un hecho personal lo cambió todo, y por la seguridad de su familia tuvo que dejar el país. Contó una anécdota que hoy le da risa: días antes de renunciar, se tomó un café de despedida con una amiga que trabajaba en otro banco, cerca de la oficina de esa amiga. Cuando presentó la renuncia, sus jefes estaban convencidos de que otro banco le había hecho una oferta y le pidieron que les dijera cuánto le ofrecían para mejorarla. Ani insistió en que se iba del país, y su jefe solo le creyó unos 90 días después, cuando ya estaba en Estados Unidos.
Lo que la obligó a salir de Venezuela
Edgar le pidió contexto sobre esos “temas de seguridad”. Ani explicó que el padre de sus dos hijos mayores, su primer esposo, fue asesinado en Venezuela. Ya estaban divorciados, pero él nunca cambió su documento de identidad y murió figurando como casado. Según la ley venezolana, en ese caso es la esposa quien debe retirar el cuerpo, así que su familia le pidió ayuda: si ella lo hacía, se lo entregaban el mismo día; si no, había que esperar al menos dos semanas mientras se corregían los documentos. Ani aceptó sin dudarlo, para apoyarlos.
Después de eso, contó, comenzó a sentirse perseguida por personas aparentemente vinculadas con su muerte. Intentaron secuestrarla y recibió un disparo en la pierna, pero logró escapar. Fue entonces cuando decidió abandonar el país por seguridad.
El colchón económico que hizo posible empezar de nuevo
Edgar quiso saber si había tenido tiempo de cerrar sus asuntos en Venezuela o si todo fue de un día para otro. Ani explicó que pudo salir de la manera en que lo hizo porque toda su vida se había ocupado de invertir.
Contó que en la Venezuela de aquellos años funcionaba mucho comprar vehículos: si uno compraba un carro y lo guardaba un par de meses, luego valía el doble o el triple. Y aclaró algo que mucha gente desconoce sobre la banca:
Una persona que trabaja en un banco no tiene un sueldo alto, sin importar la posición que ocupe. Lo que sí tienes es muchísimos beneficios, y quienes trabajan en ventas o negocios tienen acceso a comisiones que sí son buenas, siempre y cuando cumplas las metas.
Ani siempre cumplía sus metas, y todo el dinero de esas comisiones lo había ido cambiando a dólares e invirtiendo durante años. Ese colchón económico fue el que le permitió venirse y mantenerse al llegar.
La visión que heredó de sus padres
Edgar le preguntó qué visión del mundo le dieron sus padres. Ani describió a su mamá, administradora de profesión, como una mujer muy trabajadora, con muchísima calidad de servicio y preocupada de que la gente saliera bien de cualquier cosa que hiciera con ellos; hoy trabaja con Ani en la oficina. Su papá, en cambio, era el más arriesgado, siempre atento a los negocios, comprando, arreglando y alquilando casas. Una aportaba la estructura y el otro el impulso.
Aun así, Ani quería algo distinto. De niña repetía que nunca tendría un hijo si no tenía un carro, porque no quería cargarlo por la calle sino tenerlo durmiendo en el asiento de atrás. Agradece a sus padres que hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían, pero creció escuchando frases como “eso es muy caro”, “eso no lo vamos a poder comprar” o “¿tú crees que eres millonaria?”.
Yo sí creo que somos responsables de lo que vamos a vivir en nuestro futuro y de lo que queremos para nosotros y para nuestros hijos. Siempre dije que después de mí no quiero que haya ninguna persona que se preocupe por dinero.
Se independizó económicamente muy temprano, y cuando llegaba un feriado bancario invitaba a la familia de vacaciones, pero con una condición: nada de llevar comida preparada a la playa. Vacaciones son vacaciones, con restaurante y servicio. Para ella, la mente se prepara para la escasez si uno se acostumbra a decir que no se puede. Edgar coincidió en que prefiere “engañarse” creyendo que le puede ir mejor y ver el vaso medio lleno.
Las claves para ascender: la milla extra y la media hora de almuerzo
Edgar señaló que hay personas que trabajan durante años sin lograr subir, y le preguntó cuáles fueron sus diferenciadores. Ani contó que en la universidad, mientras estudiaba contaduría, leyó un libro con una idea que le cambió la vida: todos van a trabajar y todos cumplen un horario, así que quien no está dispuesto a dar un extra no puede pretender que algo extraordinario le suceda.
Toda mi vida he estado dispuesta: si me toca quedarme hasta las 10, me quedo hasta las 10. Siempre he estado dispuesta a dar esa milla extra si hace falta.
También habló de las aspiraciones, con una frase que provocó risas:
Una persona que se despierta y no tiene aspiraciones, yo le recomiendo que se vuelva a acostar.
Cuando alguien le dice que tiene que ser realista, ella responde que lo está siendo: esa es la realidad que quiere, y hará lo necesario para alcanzarla. Cree que todas las personas pueden lograr lo que quieran, pero lo primero es creérselo, porque si uno no cree en sí mismo, nadie va a apostar por uno. Y si hoy no está donde quiere estar, no pasa nada: está en el camino.
Luego contó un ejemplo concreto. Al terminar la pasantía, el banco la contrató respetando su antigüedad, y su primer cargo fue asistente de atención al cliente, la persona que entregaba chequeras y tarjetas de crédito. Ni siquiera sabía que ese puesto se medía por el tiempo de atención entre cliente y cliente, con un temporizador del sistema que usaba aquel banco de capital español. En su oficina era la única asistente, cuando otras oficinas del mismo tamaño tenían dos, y aun así redujo los tiempos de atención a la mitad de lo que lograban las demás. Cuando salió el reporte, nadie podía creerlo, y empezaron a ir a observarla trabajar. Ella atribuye parte del resultado a lo rápida que es con el teclado.
A los cuatro meses, un asesor de negocios se enfermó y el gerente comentó que tendrían que pedir un reemplazo. Ani se ofreció. El gerente no entendía cómo podía saber hacer ese trabajo, y ella le explicó su secreto:
Yo tengo una hora de almuerzo. Comía en 30 minutos, y los otros 30 minutos me sentaba con la persona del siguiente cargo al que yo quería pasar, para entrenarme. Y decía: cuando salga una oportunidad, ya yo me sé el cargo.
El gerente la puso a atender a un cliente para comprobarlo, no podía creer lo que veía y la postuló. Así se convirtió en asesora de negocios sin haber cumplido siquiera seis meses en su primer cargo.
Trabajo y vida personal
Edgar le preguntó si había sacrificado su vida personal. Ani dijo que no. Se casó a los 18 años con su novio de toda la vida, a quien conoció en el high school, y tuvo a su primer hijo tres años después. Él también tenía un trabajo demandante, así que hicieron muy buen equipo, conscientes de que estaban construyendo algo.
Ani siempre ha sido honesta con la gente sobre sus aspiraciones, y procura rodearse de personas con la misma energía.
Si tú quieres lograr algo, tienes que rodearte de personas que tengan la misma mentalidad que tú. Imagina que quieras emprender algo y se lo cuentes a tres personas que duermen todo el día: te van a decir que no lo hagas.
Además, la banca le daba los fines de semana libres. Cada vez que había un feriado bancario, aprovechaban para viajar de viernes a lunes. Eran viajes cortos, de dos o tres días, pero unos ocho o diez al año.
La primera semana en Estados Unidos
Edgar dio un salto hacia adelante: si cambiarse de casa o de trabajo ya cuesta, ¿cómo fue la primera semana en Estados Unidos? Ani dijo que fue muy fuerte y cargada de emociones. Aunque tenía mucha experiencia en finanzas, siempre ha creído que hay que darle un voto de confianza a la gente, y confió en un antiguo compañero del banco que la guió al llegar. Con el tiempo descubrió que muchas de las cosas que le recomendó estaban mal y le hicieron perder muchísimo dinero.
No me arrepiento, porque esas cosas hicieron que aprendiera el sistema. Y ahora le puedo decir a alguien: mira, no lo hagas así, hazlo de esta forma, a mí me pasó.
Para Ani, haberlo vivido le da empatía con quien está pasando por lo mismo. El idioma fue otro choque: no hablaba inglés, y aunque en Miami muchas cosas están en español, el idioma del país es el inglés. Por ejemplo, alquiló un carro y le cobraron 2,000 dólares, cuando después supo que podía haberlo alquilado por unos 400 al mes.
También tuvo que acostumbrarse a que en Estados Unidos se paga por todo, algo con lo que está de acuerdo porque las cosas funcionan, a diferencia de su país, donde muchas cosas no se pagaban pero tampoco funcionaban. Pasó de no pagar vivienda a tener que pagar renta, conseguir dónde vivir, ver cómo trabajar y cómo legalizar su situación. Y pasó de dirigir a 120 personas a empezar de cero.
Disney primero, después todo lo demás
Lo primero que hizo al llegar, contó entre risas, fue algo que muchos le criticaron. Les había prometido a sus hijos que irían a los parques, y cumplió: pasaron casi dos semanas en Orlando recorriendo Disney y Universal. Ella sabía que después tendría que sentarse con un abogado para resolver su situación migratoria, buscar escuela para los niños y organizar todo lo demás, pero primero quería que vivieran la experiencia de las vacaciones. Pudo hacerlo gracias al colchón económico, que también les permitió mantenerse hasta que estuvo autorizada para trabajar. En ese tiempo, además, creó su empresa.
El día que lloró entregando paquetes
Su primer trabajo fue con Amazon, entregando paquetes, y ese día fue, según ella, el verdadero choque. Empezó a las diez de la mañana y a medianoche todavía no había terminado. La enviaron a una zona donde nadie hablaba español y no entendía lo que le decían. Lloró.
Pero, como con cada experiencia, decidió tomarlo como una enseñanza y no como algo malo.
Si yo estoy llegando al país, yo me tengo que adaptar al país. El país no se va a adaptar a mí.
Un compañero de Amazon que hablaba inglés le recomendó un instituto más costoso que otros, pero muy bueno, con grupos de 10 a 15 personas por profesor. Estudió allí un año de gramática y otro de conversación, y hoy puede comunicarse en inglés.
Cada servicio, una experiencia vivida
Edgar le preguntó cuánto tiempo pasó entre Amazon y la creación de Ani Miller Services, y por qué eligió ese ramo. Ani explicó que creó la empresa en 2016, al llegar a Estados Unidos. Primero probó con la venta de productos, luego la pausó y siguió trabajando con Amazon y otras aplicaciones de entregas. Todo cambió con sus primeros impuestos.
La carta del IRS
Una persona que le recomendaron le preparó su declaración, ella le pagó en el momento, y luego le llegó una carta del IRS. Se asustó, como le pasa a todo el mundo, porque además uno escucha muchas historias. Hoy, cuando un cliente le cuenta que recibió una carta, le dice que se tranquilice y le mande una foto, pero entonces no entendía nada de lo que decía.
Le envió la carta escaneada a la preparadora y pasaron tres días sin respuesta. Mientras le estaba pagando, le contestaban enseguida; ahora que tenía un problema, nadie respondía. Al cuarto día, la asistente le dijo que estaban ocupados y que tenía que resolverlo ella. Ani manejó una hora hasta la oficina, dispuesta a esperar a que atendieran a todos, y después de casi una hora le dijeron que no la iban a atender.
Regresé al carro tan frustrada y dije: pero no puede ser, una persona que fue a la universidad, que estudió contaduría, que estudió finanzas, ¿por qué tengo que estar viviendo esto?
Buscó en internet cursos urgentes de impuestos. En plena temporada es difícil encontrar a alguien que enseñe, porque todos están ocupados preparando declaraciones, pero encontró un instituto con un intensivo de fin de semana, más caro y que la obligaba a dejar de trabajar varios días. Lo hizo, porque la carta tenía un plazo y ya habían pasado varios días. Llevó la carta al curso, le enseñaron a responderla, fue personalmente al IRS, defendió su declaración, explicó su caso y recibió el reembolso que le correspondía.
Cuando les contó la historia a sus compañeros de Amazon y a su familia, muchos que aún no habían hecho sus impuestos le pidieron que se los hiciera. Ella les advirtió que nunca había preparado ninguno, pero le respondieron que tenía la experiencia de haber defendido los suyos ante el IRS. Ese primer año preparó unas 30 declaraciones.
Yo decía: wow, estas 30 personas confiaron en mí. No puede ser.
Su propio proceso migratorio
Algo parecido le pasó con su propio proceso migratorio. Para la residencia de ella y de sus dos hijos contrató a un abogado. Al mudarse, le avisó del cambio de dirección, pero él olvidó notificarlo, y Ani perdió la entrevista. Recibió una carta que le advertía que le negarían la residencia por no haberse presentado. Llamó al abogado y, como con los impuestos, nadie le respondió ni le resolvió. Así que hizo lo mismo que la primera vez: estudió el proceso a fondo, llamó ella misma a la oficina de inmigración, explicó lo sucedido, consiguió una nueva cita y obtuvo su residencia.
Seguros y bienes raíces
Con los seguros ocurrió lo mismo. Ani refería a sus clientes de impuestos a otros agentes, y los clientes volvían a quejarse de que no los atendían. Cuando uno recomienda a alguien, explicó, el cliente siente que uno tiene un compromiso moral con esa recomendación. Por eso decidió abrir su propia agencia, que hoy ofrece todo tipo de seguros, de salud, de vida, de auto y de responsabilidad, con licencia en los 50 estados.
Y lo mismo con los bienes raíces: les preparaba los impuestos a clientes que luego iban a comprar casa con otros agentes, y le llegaban las mismas quejas. Así sumó los servicios de bienes raíces e hipotecas. La empresa que empezó siendo solo Ani, en un escritorio pequeñito de su apartamento alquilado, fue creciendo porque los clientes le decían que preferían tenerlo todo con ella.
Todo está basado en mi experiencia como inmigrante en los Estados Unidos.
Edgar reconoció que ahora entendía mucho mejor la visión de la empresa: Ani ha pasado por todo lo que ofrece y, más que nadie, sabe lo que sienten sus clientes.
Crecer sin publicidad, solo con recomendaciones
Edgar quiso saber cómo consiguió su primer cliente fuera de su círculo, cómo hizo para darse a conocer. La respuesta lo sorprendió: Ani nunca hizo ventas en frío. En toda la historia de Ani Miller Services, la primera vez que la empresa invirtió en publicidad y marketing fue en 2025. Todo el crecimiento anterior fue de boca en boca.
Venía Edgar a hacer sus taxes conmigo y me refería a su mamá, a su papá, a sus hermanos, a la novia. Edgar se convertía en 10 personas más, y esas 10 personas en más. Fue un efecto multiplicador.
Una oficina en plena pandemia
El salto más grande, contó, llegó en plena pandemia. Hasta agosto de 2020 trabajaba desde casa. El país estaba cerrado, las oficinas cerraban, la gente no podía pagar sus rentas y todo se hacía por Zoom. Y Ani anunció que iba a abrir su oficina. Todos le dijeron que estaba loca.
Su razón era práctica. Había empezado a tener muchos clientes que querían reunirse en persona. Además de los impuestos, asesoraba a la gente para comprar carros sin que los estafaran, algo que aprendió después de que la estafaran a ella con su primer vehículo, y también les enseñaba un método para salir de las deudas de tarjetas de crédito. Se reunían con mascarilla en cafés de todo Miami, pero a nadie le resulta cómodo hablar de sus finanzas personales en un café. Necesitaba un espacio privado.
La negociación
En el edificio que le gustaba le mostraron unas oficinas pequeñas en el segundo piso, que era como un laberinto. Ani las rechazó con un argumento que venía de su experiencia como repartidora: sabe lo difícil que es encontrar una dirección confusa, y un servicio tiene que tener un acceso fácil y directo. Preguntó si había algo en el primer piso cerca de la entrada. Había una, pero fuera de su presupuesto: ella había dicho que no quería pasar de 500 dólares y esa costaba 1,000 al mes.
Pidió verla de todos modos y descubrió que llevaba vacía todo el año; ya era agosto. La secretaria le dijo que el precio era firme y que la decisión la tomaba el dueño, también venezolano, que llegaría a las dos de la tarde. Ani le pidió que le transmitiera su oferta: el dueño ya había perdido ocho meses, nadie iba a alquilar en medio de los cierres, y en hora y media ella no había visto pasar a una sola persona por el edificio. Le ofrecía 700 dólares, que era lo que realmente tenía. La secretaria prefirió que lo hablara ella misma con el dueño.
Cuando llegó, él repitió que la oficina valía 1,000 y que no bajaría. Ani le hizo las cuentas:
Lo que me parece raro es que me digas que no lo vas a bajar de 1,000 y tienes ocho meses perdiendo plata. Tienes a alguien que te la va a rentar por 700. Podemos poner en el contrato que apenas cumpla un año haces el ajuste que corresponda.
Le recordó que ella le entregaría de inmediato el depósito más el primer mes, casi 3,000 dólares, por una oficina que de otro modo seguiría vacía, más 700 cada mes. El dueño se quedó sin argumentos y puso una condición: revisaría su crédito; si estaba malo, no había trato. Ani le contestó que fuera revisándolo mientras ella iba al banco por los money orders, porque tenía un puntaje cercano a 800. Cuando volvió, el contrato estaba listo. Le entregó los cheques y le dieron las llaves de una oficina completamente vacía.
Aquella oficina tenía unos 250 pies cuadrados. Hoy la empresa está en una oficina propia, que compraron, de unos 2,200 pies cuadrados.
El antes y el después
Edgar le preguntó si esa primera oficina marcó un antes y un después. Ani dijo que totalmente. Le dio una dirección comercial y un lugar donde recibir a sus clientes. Ella era la que más trabajaba en todo el edificio: lo abría y lo cerraba. Dejaba a sus hijos en la escuela y se iba a trabajar, y a veces se los llevaba y se dormían debajo del escritorio mientras ella atendía reuniones. Agradece profundamente al dueño por haber creído en ella.
Calidad de servicio y un equipo que crece
Edgar le preguntó si para entonces ya vivía bien. Ani respondió que no, que todavía estaba luchando. Empezó sola, pero pronto entendió que no podía seguir así. Viene de la banca tradicional, donde la calidad de servicio es sagrada, y es lo que les inculca a las chicas de su oficina:
Cuando viene un cliente es porque tiene una situación a la que nosotros tenemos que buscarle la solución. Entonces tú no puedes ser otro problema. Eso es lo que el cliente quiere: solución, no más problemas, porque problemas ya tiene.
El crecimiento lo exigía: el primer año preparó 30 declaraciones de impuestos y el segundo, 200. No quería ser como tantas empresas buenas en las que el dueño sigue trabajando solo y nadie contesta mientras atiende a un cliente. Empezó a contratar y a formar personas, sobre todo en calidad de servicio. Primero contrató a una persona; luego se sumó su mamá, y después sus hermanas mayor y menor, que también hacían entregas y a quienes impulsó a formarse y sacar sus licencias. Hoy trabajan con ella su mamá, sus dos hermanas y otros familiares.
Invertir en lugar de gastar
Lo que sí aprovechó desde el principio fue el dinero que entraba: pagaba sus compromisos y el resto lo invertía en propiedades para alquilar. Hoy tiene diez propiedades, todas alquiladas. Algunas las compró cuando las tasas de interés estaban muy bajas, y generan flujo de efectivo cada mes: pagan sus gastos y queda dinero.
Yo hubiese podido tomar el dinero y gastármelo en cualquier cosa, porque eso es lo que hace la mayoría: tengo más, gasto más. No. Yo sigo viviendo con lo que necesito para vivir, y todo este dinero va para acá.
Su última compra había sido en diciembre. Ani está convencida de que los bienes raíces son uno de los grandes caminos hacia la riqueza en Estados Unidos, y que el negocio no está solo en comprar una casa para vivir o alquilar. Una parte importante está en entender la deuda, a la que mucha gente le tiene miedo. Para ella, la deuda usada para invertir es una herramienta, y combinada con los beneficios fiscales de la inversión inmobiliaria forma parte de la asesoría que da a sus clientes. Quienes solo trabajan para pagar, explicó, quedan atrapados en un círculo del que les cuesta mucho salir.
Cómo competir con los grandes
Edgar planteó una pregunta de negocio: alguien que no conoce su historia y busca asesoría en internet encontrará empresas con más años y más inversión en publicidad. ¿Qué la diferencia?
Ani contó que su consulta de asesoría tiene un costo, y que no es por falta de confianza en el resultado. Lo hace para que la persona entienda que las cosas en la vida no son regaladas: cuando algo es gratis no se aprecia, y quien decide invertir en una cita primero investiga con quién se va a reunir. Recordó a un cliente que manejó una hora para verla un sábado y se fue sonriendo de oreja a oreja: le dijo que llevaba 35 años en el país y que se iba feliz y tranquilo, porque había llegado con miedo.
Aunque ahora empezaron a hacer publicidad, la mayoría de los clientes siguen llegando por alguien. Le ha pasado que un cliente la vio en Instagram, notó que unos amigos ya la seguían, les preguntó y recibió las mejores recomendaciones. A esa persona ya no hay que convencerla de nada.
Ani le contó a Edgar que justamente había hablado con su publicista sobre la importancia de contar la historia de la empresa, porque no es lo mismo ofrecer un servicio sin haberlo vivido.
Si tú ni siquiera sabes lo que se siente ser inmigrante en Estados Unidos, si nunca tuviste que esperar a que te llegara un permiso de trabajo, es muy difícil que sientas esa empatía cuando llega alguien desesperado.
Cuando la gente conoce la historia, dijo, se siente identificada. Además, cuando se sienta a hablar con alguien, la persona nota la emoción y se da cuenta de cuánto ama las finanzas.
Cómo supo que iba por buen camino
Edgar le preguntó cómo medía el éxito, qué señales concretas le decían que valía la pena seguir aferrada a su proyecto. Ani explicó que en el negocio de impuestos es fácil ver cómo va todo, porque los preparadores tienen perfiles dentro del sistema del IRS donde se ve la cantidad de declaraciones enviadas. Y empezó a recibir cartas de empresas gigantescas dedicadas exclusivamente a impuestos, con muchísimos años en el país, ofreciéndole comprar su cartera de clientes. La última le había llegado apenas la semana anterior. Si una empresa de ese tamaño, que puede ver la trayectoria de su negocio, quería comprarlo, iba por buen camino.
También se fijaba metas. Cuando el negocio empezó a andar mejor, se propuso comprar al menos dos viviendas al año, y al cerrar cada año comprobaba que lo había logrado. Siguió agrandando la oficina y contratando personas. Y cuando abrió la agencia de seguros en septiembre, en octubre ya tenía 150 clientes, a quienes llamó personalmente y que le respondieron sin dudar que querían pasarse con ella.
Las finanzas son relaciones de confianza
Edgar le preguntó si sentía que estaba construyendo relaciones de confianza con sus clientes. Ani respondió que las finanzas son exactamente eso. Recordó que muchos latinos llegan con la mentalidad de buscar a quien cobre menos o a quien los deje hacer lo que quieran, y que en su oficina la visión es otra:
Aquí vamos a hacer las cosas correctas. No queremos tener consecuencias después. No te voy a decir lo que tú quieras escuchar, te voy a decir las cosas como son.
Puso un ejemplo: clientes que llegan a una asesoría financiera y, al revisar sus estados de cuenta, ella ve cientos de dólares al mes en comida a domicilio. Gastan en el supermercado, no cocinan y además piden comida. Su consejo es directo:
- Si estás endeudado y sientes que trabajas solo para pagar, revisa en qué se va tu dinero mes a mes.
- Si tu situación financiera no lo permite, cocina en casa en lugar de pedir comida a domicilio.
- Entiende que, si no haces un sacrificio en un momento determinado, nada va a cambiar en tu vida.
- No uses tarjetas de crédito con intereses altos para gastos como viajes.
- Cree en ti y deja de sabotearte.
Contó entre risas que algunos clientes llaman diciendo que saben que Ani los va a regañar, como si fuera su mamá. Ella aclara que no es un regaño: es que no puede aceptar que alguien se sabotee su propia vida y la de su familia.
Preguntas rápidas
En la parte final, Edgar le hizo una serie de preguntas concretas, sin respuestas correctas.
Una compra de 100 dólares o menos que le cambió algo
Libros, y en particular un libro que enseña a invertir.
Lo que disfruta ver
Le encantan los reality shows, sobre todo los de buscar pareja a ciegas, porque las personas empiezan conociéndose solo por lo que tienen por dentro y no por el físico, que, como las redes sociales, es lo que la gente ve pero puede no ser verdad.
Algo que nunca quiso ser
Chef. Le gusta cocinar, pero poquito. Contó también que estuvo a punto de ser abogada, pero avanzaba tan rápido en el banco que tuvo que elegir entre terminar esa carrera o seguir su camino profesional en la banca.
Pez grande en estanque pequeño o pez pequeño en estanque grande
Pez pequeño en un estanque grande, sin dudarlo.
Algo que se le da peor que a nadie
Disimular. Todos se dan cuenta en un minuto si está molesta o feliz.
El título de la historia de su vida
Algo relacionado con el camino de la vida que quiere recorrer, no el que le tocó, porque ella ha construido su propio camino. Si hubiera seguido solo los lineamientos que traía del pasado, no estaría donde está. Cuando dice que va a hacer algo, lo hace en el tiempo que se propuso, porque dirige toda su energía a lograrlo, y eso es lo que les dice a sus clientes: todos pueden hacerlo si tienen disciplina.
Su fracaso favorito
Perder tiempo o dinero, porque para ella el tiempo también es dinero. Cuando le pasa, se reprograma de inmediato, analiza qué hizo mal y aprende el proceso de la A a la Z, para que no le vuelva a ocurrir ni a ella ni a nadie a quien esté guiando.
El peor consejo que le dieron
“No emprendas”. Cuando empezó con los impuestos le dijeron que había demasiada gente en Estados Unidos haciendo lo mismo y que no le iba a ir bien.
Cómo maneja la incertidumbre
Cada año es una temporada nueva, pero ella se adapta muy rápido y es muy flexible a los cambios. Puso como ejemplo la inteligencia artificial: aunque no vaya a dedicarse al marketing, siente que tiene que aprenderla, e incluso hizo con su hijo un ensayo sobre el tema para la escuela. Cuando uno se forma, sabe hacia dónde va y tiene un plan que va ajustando según cambian el mundo y la economía, la incertidumbre baja.
Cómo recarga energía
Con música, y alta. En la oficina se sorprenden porque, con la música puesta, en un día de temporada puede cerrar 25 declaraciones de impuestos. Le baja el volumen para hablar con cada cliente y lo vuelve a subir.
Vivir sin mentir
Cree que sí es posible. Le duele mucho que le mientan; es muy leal y confía en las personas hasta que demuestren lo contrario, y cuando alguien le falla, cierra la puerta. No cree en las mentiras blancas: mentira es mentira, del color que sea, y siempre duele cuando se descubre la verdad. Con los años ha aprendido a suavizar su franqueza, porque no todos reciben la información de la misma manera.
Su talento más inútil
Hacer un anillo con un billete doblado. A veces se lo pone, se le olvida, sale a la calle y alguien le elogia el anillo.
Su pesadilla recurrente
En temporada de impuestos, soñar que olvidó enviar la declaración de un cliente. Le pasa porque se pone en el lugar de las personas: a veces un cliente le cuenta durante dos horas su vida y sus problemas, y aunque ya le resolvió la parte financiera, ella se va a dormir preguntándose cómo resolverá lo demás.
La última vez que lloró
Hacía una semana, viendo una película. Se pone sentimental con algunas.
A quién buscaría primero en una plaza con todas las personas que ha conocido
A alguien que la apoyó muchísimo en su carrera bancaria, que le enseñó muchísimas cosas y a quien admira y quiere. En los casi diez años que lleva en Estados Unidos no ha podido hablar con él, y le gustaría saber qué ha sido de su vida y si puede ayudarlo en algo.
Algo que todavía no ha hecho
Ir a China, por lo menos diez días, para conocer su cultura. Lo tenía planeado cuando llegó la pandemia, y si no puede este año, el próximo ya tiene fecha.
Una pregunta cuya respuesta le gustaría conocer
Si sus hijos cumplirán sus sueños: su hija quiere ser pediatra y su hijo, abogado y hacerse cargo de la empresa. Le pide a Dios vida y salud para verlo, y le gustaría saber que llegará ese día en que, ya retirada, pueda estar con ellos como quiere.
Cómo se describe Ani Miller
Para la última pregunta, Edgar le pidió que se describiera sin usar su nombre, su profesión ni sus logros.
Una mujer con sueños, pero con determinación, amorosa, con disciplina y definitivamente bondadosa.
Le gusta muchísimo ayudar a las personas, aunque ha aprendido que todo tiene que ser con medida, para que nadie se aproveche. Lo que más quiere es no dejar de ser ella misma, porque mucha gente se pierde al avanzar en la vida. Sus amigos de toda la vida le dicen que sigue siendo la misma Ani de hace 20 años, y eso es justo lo que desea. Si alguien reacciona de una manera inesperada o decide salir de su vida, eso no tiene por qué cambiarla.
Su motivación, dijo, es guiar a otras personas para que encuentren lo que las apasiona y logren algo que ella ya tiene y que se siente maravilloso: seguridad financiera, no tener que preocuparse por si alcanza para pagar la renta.
Hay personas con muchísimo potencial, pero lo primero que tienen que hacer es creer en ellas. Si empezamos por ahí y tenemos un poco de disciplina, todos podemos lograrlo.
Contó que nada le llena tanto el corazón como ver a alguien que llegó con un sueño y, dos o tres años después, lo está cumpliendo. Tiene el caso de un cliente que llegó sin haber hecho nunca sus impuestos y que hoy está firmando la compra de su tercera propiedad.
Edgar cerró agradeciéndole y confesando que salía de la conversación con otra perspectiva. La historia de Ani Miller resume bien la idea del episodio: no se trata solo de sobrevivir al llegar a otro país, sino de convertir cada golpe en conocimiento y ese conocimiento en una forma de ayudar a otros a prosperar.
Video: canal INNEGABLES Podcast, episodio 124.
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