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“De cada tropiezo, un servicio”: Ani Miller en el podcast de la Cámara de Comercio de Mujeres

Ani Miller cuenta cómo cada desafío que vivió como inmigrante se convirtió en un servicio de su empresa y qué ha aprendido sobre liderazgo.

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En el podcast de la Cámara de Comercio de Mujeres de Estados Unidos, Ani Miller conversó con Carolina Melo sobre cómo convertir los desafíos en oportunidades de negocio.

De lo que se habla

  • La carta del IRS que dio origen a su negocio de impuestos
  • El contrato de carro con cuota balón y la asesoría en compra de vehículos
  • Enfocarse en la idea de negocio y elegir bien el entorno
  • Cómo pasó de trabajar sola a liderar un equipo de 20 personas
  • Sus hábitos de pausa, gratitud y tiempo en familia

La conversación, en detalle

En el podcast de la Cámara de Comercio de Mujeres de Estados Unidos, la conductora Carolina Melo recibió a Ani Miller, fundadora y CEO de Ani Miller Services, para hablar de algo que todas las emprendedoras han vivido: los desafíos y, sobre todo, cómo convertirlos en oportunidades. Durante media hora, Ani recorrió los tropiezos que vivió al llegar a Estados Unidos, cómo cada uno terminó convirtiéndose en un servicio de su empresa, cómo pasó de hacerlo todo sola a liderar un equipo, y los hábitos que la mantienen centrada.

Ani abrió el episodio con una idea que recorre toda la conversación: emprender en Estados Unidos trae desafíos constantes, pero cuando encuentras dentro de lo que haces un propósito de vida que te permite formar y guiar a otras personas, la carga se vuelve más liviana.

La carta del IRS que cambió el chip

Carolina fue directo al grano y le preguntó cuál fue el desafío que le cambió la mentalidad y la llevó a tener el negocio que tiene hoy. Ani respondió que todo nace de sus caídas y de su experiencia como inmigrante. Al llegar contrató servicios de preparación de impuestos y, cuando le llegó una carta del IRS, llamó a la persona a quien le había pagado para pedir ayuda. La respuesta fue que estaba ocupada y que tenía que resolverlo ella misma.

Para alguien que venía de muchos años en la banca en Venezuela, donde la calidad de servicio es fundamental, ese trato fue un golpe. Ani contó que uno llega con la idea de que en Estados Unidos todo funciona a la perfección, y se encontró con una persona que cobró por un servicio y luego no dio la cara.

Si esto me está pasando a mí, que soy contadora de profesión, ¿qué le puede estar pasando al resto de las personas que no tienen ni siquiera idea de los números?

En ese momento no hablaba inglés y, confesó, sentía mucho miedo, porque cuando llega una carta del IRS se escuchan tantas cosas que es fácil asustarse. Aun así decidió verlo como su oportunidad para aprender, formarse e ir ella misma a la oficina del IRS a entender qué había pasado.

De chofer de Amazon a 30 clientes en su primer año

Carolina quiso saber cómo ese desafío la llevó al siguiente nivel. Ani explicó que conseguir un instituto donde formarse no fue fácil, porque era plena temporada de impuestos, cuando todos los contadores están saturados y hay una fecha límite encima. Después de formarse, fue al IRS y entendió todo lo que había ocurrido.

En esa época trabajaba como chofer de Amazon. Cuando uno llega a un país nuevo, dijo, se tiene que reinventar y hay que pagar las facturas. Les contó la historia a sus compañeros de trabajo, y la reacción la sorprendió: si ya había resuelto su problema y ahora tenía licencia para preparar impuestos, querían que ella les hiciera los suyos.

Ninguno de ellos conocía su formación ni sabía que había ido a la universidad. La conocían solo como compañera de ruta, y aun así confiaron en ella porque había pasado por el problema y lo había resuelto. Uno de ellos se lo dijo claramente: prefería que ella le hiciera los taxes porque, si le llegaba una carta, ella sí le iba a contestar.

Y ese año, Carolina, hice 30 clientes, el primer año.

A partir de ahí el negocio creció como una bola de nieve. Ani reconoció que hoy invierte en marketing, pero fue sincera: lo que ha llevado a la empresa adonde está es la recomendación de los clientes. “No hay nada mejor que eso”, afirmó.

La atención personalizada como diferencia

Carolina señaló que hay muchísimas personas en el mercado que ofrecen preparar impuestos, y preguntó qué tiene Ani que hace que sus clientes se sientan tan cómodos como para recomendarla de boca en boca.

Ani lo atribuyó a la atención personalizada. Su regla es sencilla: si el cliente tiene un problema, el problema pasa a ser del equipo. Contó que le llegan muchas personas que todavía no son sus clientes, referidos asustados porque recibieron una carta y su contador no les contesta. Por eso, a medida que el negocio ha crecido, se ha dedicado a incorporar y formar gente para que nadie que llame a su oficina se quede sin ser atendido.

Cuando una persona tiene un problema, necesita tener a alguien del otro lado con la solución.

El carro con cuota balón y el servicio de asesoría en compra de vehículos

Carolina volvió al tema de los errores, recordando que muchos de ellos nos llevan a otros lugares, y le pidió otra historia en la que algo salió mal y tuvo que pivotear.

Ani contó que compró un vehículo confiando en una persona que le habían referido. Todavía no hablaba inglés, firmó el contrato confiando, dio una inicial de 5.000 dólares y se fue con el carro. Al cabo de un tiempo tuvo un accidente: un policía encubierto la chocó. Como trabajaba con el carro, fue al dealer a cambiarlo y preguntó cuánto debía, pensando que después de la inicial y de un año y medio de pagos la deuda tenía que haber bajado.

La respuesta fue que debía exactamente lo mismo que valía el carro. Le explicaron que su contrato tenía una cuota balón: 71 cuotas que solo cubrían intereses y una cuota número 72 que acumulaba el precio total del vehículo. Todo lo pagado había sido interés, y la inicial se había ido en gastos.

Los negocios se hacen para ganar dinero, pero la ética no la puedes perder, porque tienes un cliente hoy, pero mañana, cuando el cliente se dé cuenta, más nunca lo vas a tener.

Como necesitaba el carro para trabajar, lo tomó como una lección más. Antes de comprar otro vehículo decidió entender cómo funciona la venta de carros y la parte financiera. Contó, entre risas, que los dealers la van a odiar por decirlo, pero que tienen sus estrategias: hacen que la gente llegue, la agotan, esperan a que sean las diez de la noche y entonces le presentan “lo que consiguieron”, y las personas firman cansadas.

Ani aplicó primero en su propio caso lo que aprendió. Llevaba todo el saldo negativo de aquel carro chocado, que todavía debía completo, y lo fue resolviendo con estrategia: cambió de carro cinco o seis veces, siempre en momentos en que el mercado estaba favorable, trasladando poco a poco parte de ese negativo al siguiente vehículo. A la gente le parecía extraño que cambiara tanto de carro, pero era el plan que tenía que seguir. Contó que recientemente fue a vender su carro, un modelo 2020, y le ofrecieron alrededor de 30.000 dólares cuando debía unos 10.000. También usó la depreciación del vehículo en sus impuestos.

Fíjate que la estrategia a largo plazo me dio resultado.

De esa experiencia nació otro servicio. Ani asesora a sus clientes para que no vayan solos al dealer:

  • Su equipo negocia todo por el cliente: tasa de interés, plazo y las garantías que el dealer intentará ofrecer.
  • El cliente va solo a firmar, y la visita al dealer suele durar unos 40 o 45 minutos.
  • Así se evita que, al ir por su cuenta, le corran el seguro social en decenas de bancos y le bajen el score de crédito.

Ani explicó que vio ese desafío como una oportunidad porque seguramente le estaba pasando a muchas personas que no saben de números. Ella tenía la base, por sus años en una entidad financiera en Venezuela en distintas posiciones; lo que le faltaba era entender cómo funcionaba el mercado aquí. Y dejó clara su filosofía de trabajo:

Yo jamás te voy a ofrecer a ti que hagas algo que ya yo no haya probado y que yo sé que funciona y te lo pueda mostrar con resultados.

Las personas que te hacen daño te están formando

Carolina observó que Ani prácticamente ha hecho negocio de cada desafío que ha tenido desde que llegó a Estados Unidos. Ani reconoció que en su momento se preguntaba por qué le pasaban esas cosas, pero que hoy entiende que esas personas no la estaban perjudicando: estaban formando lo que es hoy, y ahora puede compartir ese conocimiento.

Aclaró que es un negocio, pero que su misión es que la gente aproveche los beneficios que tiene este país, que son muchos más de los que la gente imagina.

Cualquier persona puede salir de deudas en menos de un año, cualquier persona puede ser exitosa financieramente en menos de 2 años. Lo único que tiene que hacer es seguir un plan, pero con disciplina.

Carolina conectó esa idea con la tarea de la Cámara: dar información y contenido de valor, y conectar a las mujeres para que pasen de la idea a tener un negocio real, que no se quede en una sola persona sino que genere ingresos, empleos y un ecosistema propio fuera de su país. Recordó que muchas salieron de sus países por diferentes razones y que es valioso mirar atrás y reconocer que los errores, la falta de información y las decisiones tomadas sin conocer el sistema también las trajeron hasta donde están.

Enfocarse en la idea de negocio y limpiar el entorno

Carolina le preguntó qué cualidades ve ella en las personas que logran tomar un error o un obstáculo y convertirlo en algo beneficioso, sobre todo cuando tanta gente toma malas decisiones o firma acuerdos que ni siquiera comprende.

Ani contó que justo el día anterior le había dicho a un cliente que muchos empresarios se concentran en las cosas equivocadas. Si tienes una idea de negocio, tienes que concentrarte en ella y hacerla crecer. No puedes hacerlo todo. Entiende que al principio hay costos que cuidar y poco presupuesto, pero insistió en que hay que buscar personas que formen parte del equipo y te ayuden a pasar de un punto a otro.

Ese mismo cliente, relató, llegó desorientado y salió con ganas de comerse el mundo. Tenía mucho potencial, pero durante los últimos tres años sus impuestos se habían hecho de forma incorrecta, sin aplicar las estrategias fiscales disponibles, y había pagado muchísimo más de lo necesario. Todavía estaba a tiempo de corregir el rumbo. Ani dijo que le apasiona ver a las familias crecer económicamente gracias a una guía y un apoyo.

Sus consejos para quien quiere emprender fueron claros:

  • Identifica lo que te gusta hacer. Cuando trabajas con pasión, las probabilidades de éxito son muy altas.
  • Delega lo que no es tu especialidad. Si tienes una empresa de venta de flores, concéntrate en vender flores, no en llevar la contabilidad de las flores. Eso déjaselo a alguien que te apoye.
  • Cuida tu entorno. Fíjate a quién le cuentas tus planes y con quién te mezclas, porque las personas que no están en tu misma onda te van a decir que no lo hagas.
  • Busca consejo en quien tenga resultados. Rodéate de alguien que esté donde tú quieres llegar.

Ani lo ilustró con su propia historia. Cuando decidió abrir una oficina en plena pandemia, todos le decían que estaba loca, que todo estaba cerrando y que mejor siguiera trabajando desde la casa. Ella lo veía al revés: precisamente porque nadie quería abrir, tenía muchas oportunidades para negociar el precio.

Yo tengo que hacer lo que no hace ninguna persona. Si hago lo que hace el resto, voy a tener los mismos resultados.

También advirtió sobre pedir consejos de negocios a quien no tiene conocimiento en el área. Contó que muchas personas abandonan una idea porque una amiga les dijo que no lo hicieran, y cuando preguntas a qué se dedica esa amiga, resulta que es ama de casa. Aclaró que no tiene nada de malo ser ama de casa, pero que no se le puede pedir un consejo de negocios, finanzas o economía a alguien sin experiencia en eso, porque te puedes desanimar. Carolina coincidió recordando la idea de que uno es el resultado de las cinco personas con las que se rodea.

Cuándo dejar de hacerlo todo sola

Carolina citó un dato de CB Insights sobre el análisis de más de mil startups, según el cual una parte de los fracasos se atribuye a no saber cuándo pivotear. Le preguntó en qué momento Ani entendió que la empresa tenía que crecer y que no podía seguir siendo ella la que abría la puerta y hacía prácticamente todo.

Ani contó que, al principio, todo funcionaba por WhatsApp y con su número personal. La gente empezó a escribirle a la una o a las dos de la mañana, y ella pensaba que a esa hora no podía atender. Se puso en los zapatos del cliente: si alguien llega con un problema y Ani está ocupada con otras personas, ¿quién atiende a ese cliente?

No tener personas a tu alrededor que te apoyen te va a dejar más dinero inicialmente, pero cuando baje la calidad de servicio, los clientes se van a ir.

Eso le pasó en 2019. Empezó a incorporar personas y el crecimiento fue rápido: contrató a una, a los tres meses tuvo que sumar a otra, y así siguió. Hoy, en temporada de impuestos, tiene 20 personas trabajando, porque es el nivel que necesitan para cumplir con todos sus clientes.

El compromiso como secreto de un equipo engranado

Carolina recordó que cuando uno empieza a manejar personal también tiene que ponerse el sombrero de recursos humanos, y que el equipo perfecto no existe. Le preguntó qué hace para que su equipo funcione como una maquinita bien aceitada.

Para Ani, el secreto es el compromiso. Contó que en su carrera bancaria en Venezuela tuvo muchas personas a su cargo y que siempre ha sido muy estricta por su disciplina, algo que a veces choca con la personalidad de cada quien. Por eso siempre se ha sentado uno a uno con cada persona para preguntarle cuáles son sus metas. Si alguien busca solo un lugar donde cumplir un horario, esa no es la empresa para esa persona, porque no se le puede ofrecer al cliente lo que no existe dentro de la casa.

Cada miembro del equipo tiene que tener ganas de salir adelante y entender que forma parte de una empresa con un propósito: educar. Ani contó que sus clientes son mayormente de la comunidad latina, pero que también atienden al mercado americano, y que le impresiona que incluso muchos estadounidenses no entienden cómo funciona el sistema. Relató que estuvo casada durante muchos años con un ciudadano estadounidense, y que muchos amigos y allegados de esa etapa siguen siendo sus clientes y le han referido a otros. Le llamó la atención que personas que han vivido aquí toda la vida no sabían que el código fiscal cambia con frecuencia y que hay que estar pendiente de qué se puede y qué no se puede hacer.

En cuanto al personal, Ani dijo que procura ser justa en salarios, bonos y comisiones, y que su regla para el equipo es ponerse siempre en los zapatos del cliente.

Lo que a ti no te gusta que te hagan, jamás se lo puedes hacer a un cliente.

Contó que cuando alguien pregunta a uno de sus clientes qué tal es Ani Miller, la respuesta suele ser sobre el equipo: que cuando uno llama, todos se involucran y se siente como si la oficina se paralizara para resolverle el problema a esa persona.

Ani habló con orgullo de quienes la acompañan. Su mamá trabaja con ella, también su hermana mayor y su hermana menor, además de personas que llevan muchos años en la empresa y que han crecido no solo en conocimientos, sino también económicamente. Recordó que la oficina empezó con un escritorio usado comprado por OfferUp, con algún detalle por un lado, y que hoy trabajan en una oficina propia, con todo nuevo y espacios más amplios. Dijo estar muy agradecida, porque sin su equipo la empresa no estaría donde está.

Trabajar con la familia: liderar con el ejemplo

Carolina le preguntó cómo maneja el reto de trabajar con su mamá y sus hermanas, cuando decirle ciertas cosas a un familiar puede ser más complicado que a otra persona.

Ani admitió que sí es más complicado, pero que siempre ha sido directa y honesta. A ellas les ha dicho que las adora, pero que esto es un negocio y que precisamente ellas tres tienen que dar el ejemplo. Si alguien del equipo llega a las 9:30 se verá por qué, pero ellas tienen que estar a las 8:50. Aquí no hay excepciones por ser la mamá o la hermana.

Una cosa es ser líder y otra cosa es ser jefe. Jefe puede ser cualquiera. Al líder todo el mundo lo quiere seguir, pero es porque inspira.

Ani cree en el compromiso, pero generado por el ejemplo y no por la exigencia. Todos cumplen las mismas reglas que ella. En temporada de impuestos, contó, ella se va de la oficina a la una, dos o tres de la mañana, mientras manda a su equipo a descansar a las once para que al día siguiente estén “frescas como una lechuga”. Ellas ven ese esfuerzo, y eso enseña más que cualquier instrucción. Carolina coincidió en que así es como los verdaderos líderes manejan hoy las compañías, y que ojalá todas tuvieran líderes y no jefes.

Cómo se cuida: pausa, gratitud y familia

Carolina tocó un tema que considera clave para cualquier dueña de negocio: la salud mental, con el estrés de las finanzas, los compromisos y la responsabilidad de estar cambiándole la vida a las personas que trabajan contigo. Le preguntó cómo se cuida para salir todos los días a ser ese ejemplo.

Ani contó que desde hace muchos años tiene la costumbre de hacer una pausa cada noche antes de dormir y otra cada mañana antes de salir de casa. Reza y le da gracias a Dios por la vida, por estar sanos y por la oportunidad de encontrar siempre una solución, aunque se presenten desafíos. También pide ayuda para ser siempre justa, porque cuando uno está en muchas cosas a la vez puede perder la humildad y la esencia.

Dios, si me estoy escapando, vuélveme a traer, jálame y ponme los pies en la tierra otra vez.

Además, se define como una mamá presente. Tiene tres hijos; el menor tiene dos años, y con los dos mayores tiene una reunión todas las noches de lunes a viernes. Como son nocturnos igual que ella, a la hora que lleguen le dicen “mamá, vamos a la cocina” y se cuentan cómo fue su día, tanto que a veces tiene que pedirles que se den chance para hablar. Los fines de semana cada quien anda en sus actividades, pero entre semana esa reunión es fija. Para Ani, ese tiempo le recuerda que todo vale la pena, porque sus hijos están viendo todo y, si quieren que tomen el ejemplo, tienen que mostrárselo.

Lo que le diría a la Ani de hace cinco años

Carolina le preguntó qué le diría a la Ani de hace cinco años, con lo que sabe hoy sobre manejar los retos de tener un negocio propio.

Ani respondió que le diría que confíe. No negó que cada uno de esos golpes la afectó mucho emocionalmente. Uno intenta avanzar y de repente recibe un golpe del que alguien sin conocimientos de finanzas quizás nunca se recuperaría; recordó que, con el carro, habían pasado dos años y todavía debía el valor completo. Y explicó que cada uno de los cinco o seis servicios que ofrece su empresa nació de algo que le pasó a ella.

Hoy en día digo, gracias a Dios que esa mujer no me atendió, gracias a Dios que este hombre me estafó, porque así pude entender cómo funcionaba el sistema.

Contó que le pasó algo parecido con su proceso migratorio. Hoy es ciudadana estadounidense, pero en su momento contrató a un abogado y su trámite de residencia fue negado porque en el despacho no actualizaron su cambio de dirección y ella no recibió la citación a la entrevista. Ante la falta de respuesta, volvió a hacer lo mismo de siempre: se formó, entendió el proceso y logró resolver su situación. Lo que antes vivía como un daño, hoy lo ve como personas que Dios le puso en el camino para aprender.

Carolina resumió la conversación con una frase: de cada situación compleja ha salido un servicio que está cambiándole la vida a otras personas para que no pasen por lo que ella pasó. “Es así”, confirmó Ani.

La meta actual: vivir de las inversiones

Para cerrar, Carolina le preguntó qué oportunidad está persiguiendo hoy que haya nacido directamente de un desafío pasado.

Ani contó que ya es inversionista y que tiene varias propiedades rentadas, algo que también enseña a sus clientes, explicándoles cómo pueden empezar. Su meta es llegar a un punto en el que no tenga que trabajar y sean sus inversiones las que paguen su estilo de vida, con ingresos únicamente pasivos. Y esa meta también nació de un desafío: la compra de su primera casa fue, en sus palabras, una locura en la que le pasó de todo, pero que al final logró solucionar.

Yo quiero convertirme solamente en inversionista, no tener que trabajar más.

Carolina bromeó con que ella también quería tomar ese curso y le agradeció por compartir cómo cada desafío se convirtió en un modelo de negocio que funciona. Ani cerró diciendo que el camino ha tenido tragos amargos, pero que ha sido una experiencia muy linda, sobre todo por poder guiar a otras personas y ver sus resultados. Cuando un cliente logra algo, dijo, detrás está su equipo haciéndole barras. Y aclaró que el mérito es de ellos, por su disciplina, aunque su equipo haya puesto un granito de arena.

La conversación deja una idea central: los tropiezos que vivió Ani al llegar a Estados Unidos, desde una carta del IRS sin respuesta hasta un contrato de carro que no entendía, se convirtieron en los servicios que hoy ofrece para que otras familias no pasen por lo mismo. Detrás de ese crecimiento hay disciplina, un equipo comprometido, liderazgo con el ejemplo y la convicción de que nunca se recomienda nada que no se haya probado primero.

Video: Cámara de Comercio de Mujeres en Estados Unidos, podcast conducido por Carolina Melo.

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