En Mentes Poderosas con Betty Palomino, Ani Miller contó cómo pasó de la banca en Venezuela a empezar de cero en Estados Unidos, y compartió su método para salir de deudas e invertir.
De lo que se habla
- Su carrera bancaria en Venezuela, de los 16 años a vicepresidenta de negocios
- El contrato de carro con cuota balón y la decisión de no victimizarse
- Por qué los taxes te impulsan o te hunden
- Bienes raíces, beneficio fiscal y la cuota de sacrificio
- Techos mentales y los libros que la marcaron
La conversación, en detalle
En un nuevo capítulo de Mentes Poderosas, grabado en Miami, la conductora Betty Palomino conversó con Ani Miller, empresaria venezolana y CEO de Ani Miller Services. Durante más de cuarenta minutos, Ani repasó su carrera bancaria en Venezuela, las razones por las que tuvo que empezar de cero en Estados Unidos, los engaños que vivió al llegar y cómo cada uno se convirtió en un servicio de su empresa. También habló de bienes raíces, de impuestos, de su método para salir de deudas y de los libros y mentores que marcaron su manera de pensar.
Una emprendedora que siempre se levanta
Betty abrió la entrevista pidiéndole que se definiera. La respuesta de Ani fue inmediata:
Me defino como una persona emprendedora que, aunque se caiga, está dispuesta a volverse a levantar las veces que sean necesarias.
De los 16 años en la banca a vicepresidenta de negocios
Betty le pidió que contara cómo fue su vida en Venezuela antes de llegar a Estados Unidos. Ani explicó que empezó a trabajar muy joven. Se graduó temprano del bachillerato y entró a un programa venezolano que apoya a los jóvenes recién graduados para que aprendan un oficio. Su patrocinador en ese programa era una entidad bancaria, que terminó contratándola.
Así empezó a trabajar en la banca a los 16 años, mientras estudiaba en la universidad de noche. Tuvo una carrera bancaria de unos 12 años en la que fue ascendiendo de posición en posición hasta llegar a vicepresidenta de negocios. Allí, dijo, hizo su carrera en las finanzas.
Por qué tuvo que empezar de cero
A los 28 años, Ani ya se había casado, divorciado y tenía dos hijos. Contó que, por un tema familiar, tras la muerte de su exesposo en Venezuela se vio en la necesidad de venir a Estados Unidos para resguardar la seguridad de su familia. Al momento de la entrevista estaba por cumplir diez años en el país.
Betty le preguntó cómo fue ese proceso de empezar desde cero, como le toca a todo inmigrante. Ani lo describió como bastante duro, por todo lo que hay que hacer al llegar. Aclaró que siempre ha sido una persona de mente abierta, dispuesta a hacer lo que le toque, pero que al llegar fue engañada y estafada por varias personas, incluso algunas que conocía desde Venezuela.
La casa, el carro y la cuota balón
Betty quiso saber de qué forma la engañaron. Ani dio un primer ejemplo: rentó una casa, hizo todos los pagos y luego descubrió que los documentos que le habían entregado no correspondían a la transacción como se la habían planteado.
Esa misma persona le recomendó dónde comprar un vehículo. Ani dio una inicial de 5.000 dólares, pero ese dinero nunca quedó reflejado en el contrato. No hablaba inglés y creyó lo que le decían. Unos dos años después tuvo un accidente y, al intentar cambiar el carro, le dijeron que debía el valor completo del vehículo.
Ella no lo podía creer: había dado una inicial y llevaba dos años pagando. Pero el contrato decía que eran 71 cuotas de puro interés y que la cuota número 72 era una cuota balón por el precio del carro. Betty, sorprendida, le preguntó si no lo había comprado en un dealer. Ani aclaró que sí, en un dealer grande, pero que como en ese momento no tenía número de seguro social le ofrecieron un “special finance”, un financiamiento especial hecho por el propio dealer.
Las cuentas eran simples. Si el carro costaba 25.000 dólares y ella había dado 5.000 de inicial, como mínimo debería deber 20.000. Pero le dijeron que debía los 25.000 completos, porque la inicial se había ido en gastos administrativos y las 24 cuotas pagadas habían funcionado como una renta que no abonaba nada al capital.
Estaba con un carro chocado del cual debía 25.000 dólares.
No victimizarse: aprender de lo que pasa
Betty le preguntó qué hizo entonces. Ani respondió que tomó una decisión que define toda su historia:
Decidí que no iba a victimizarme, porque sí me había pasado algo, pero lo que tenía que hacer era aprender de las cosas que me estaban pasando.
Se dedicó a aprender cómo funciona realmente el negocio de los vehículos en Estados Unidos, y la asesoría en compra de carros fue uno de los primeros servicios que empezó a ofrecer en su oficina. Explicó que toda su empresa está basada en su experiencia como inmigrante. Hoy le dice a sus clientes que no vayan solos al dealer: cuando van, es porque el negocio ya está listo y solo falta firmar.
La carta del IRS y el nacimiento del negocio de impuestos
Con los impuestos le pasó exactamente lo mismo. Ani contrató a una persona para hacer su declaración, le pagó, y luego le llegó una carta del IRS. Cuando llamó para preguntar cómo responderla, nunca la atendieron. Fue a la oficina y le dijeron que estaban muy ocupados, que la resolviera ella.
Ese día pensó que, siendo contadora, tenía que encontrar la manera de solucionarlo. Buscó un instituto que le diera un curso en plena temporada de impuestos, porque tenía un plazo corto para responder la carta, no sabía cómo hacerlo y no hablaba inglés. La recibieron, le explicaron cómo responder, y luego obtuvo la licencia para preparar impuestos personales.
Cuando les contó a amigos y familiares lo que había pasado, la reacción fue la misma que repetiría muchas veces después: querían que ella les hiciera los impuestos. Le decían que si había ido sola, sin hablar inglés, a defender su carta, preferían confiar en ella antes que en alguien desconocido que quizás no sabía lo que hacía. Así empezó, y en ese primer año preparó los impuestos de unos 30 clientes.
Un error en su proceso migratorio
Ani contó otra experiencia similar con su proceso de residencia. Después de casarse, contrató a una firma de abogados para su trámite. Cuando compró casa y se mudó, avisó del cambio de dirección por correo electrónico y le aseguraron que todo estaba actualizado. Pasó el tiempo, veía en línea que ya le habían programado la entrevista pero la carta nunca llegaba, así que llamó. Le dijeron que la entrevista había sido dos semanas antes: su expediente seguía con la dirección del apartamento anterior. Perdió la cita y su residencia fue negada.
Ante la respuesta de que tenía que esperar, hizo lo mismo de siempre: buscó formación, entendió lo que tenía que hacer y logró resolver su caso. Hoy, gracias a Dios, es ciudadana estadounidense. “Es otra experiencia que me pasó a mí aquí en los Estados Unidos”, resumió.
Betty le preguntó dónde está hoy su empresa, y Ani mencionó su oficina en Cooper City, Florida. La conductora destacó que cada servicio de su compañía nació de una experiencia en la que Ani decidió no ser víctima, sino buscar quién le enseñara, y que de ahí encontró la necesidad.
Calidad de servicio y crecimiento orgánico
Ani explicó que su razonamiento siempre fue el mismo: si eso le estaba pasando a ella, seguramente le pasaba a muchísimas personas más, sobre todo a quienes, como ella entonces, no podían comunicarse en inglés.
Atribuyó el éxito de la empresa a la calidad de servicio que trae de la banca tradicional, donde el cliente se sentaba y el banquero se preocupaba de verdad por su situación. Esa formación la trasladó a su negocio. Dijo que, aunque la gente siempre ve su cara, detrás hay un equipo formado y empático, y que cuando un cliente tiene un problema “la oficina se paraliza” para ayudarlo.
Yo crezco en clientes, te puedo decir, entre 200 y 250 clientes anuales, pero son crecimientos orgánicos.
Son clientes referidos por sus propios clientes, que traen a familiares y amigos porque están contentos con el servicio. Betty lo llamó el poder del boca a boca: dar un buen servicio, con honestidad e integridad, inevitablemente trae más clientes.
Redes sociales y colaborar con los clientes
Betty comentó que también la había visto muy activa en redes sociales. Ani fue sincera: el boca a boca les seguía funcionando muy bien, pero las redes han tomado mucha fuerza porque la gente va a todas partes con el teléfono en la mano.
Contó que la parte de contenido nació gracias a unos clientes. Les habían negado un préstamo para comprar casa porque estaban mal asesorados. Un amigo se los refirió, Ani les arregló sus impuestos y lograron comprar su vivienda. Resultó que tenían una agencia de marketing dedicada al contenido, que graba y edita, y terminaron trabajando juntos.
Eso refleja una metodología que Ani aplica en su oficina: apoyar a quienes apoyan su negocio.
- Si un cliente tiene un negocio, ella trata de impulsarlo y conectarlo con personas que necesiten lo que ofrece.
- Cuando necesita un servicio, primero revisa qué servicios ofrecen sus propios clientes.
- Por ejemplo, para la inauguración de su oficina pidió contratar la decoración con clientes suyos.
Quizás yo conozco personas que necesitan las cosas que tú haces y yo los puedo conectar. Así crecemos todos.
Los taxes te impulsan o te hunden
Ani explicó que manejar todos los servicios bajo un mismo techo les da una visión distinta a la hora de preparar impuestos. Y lanzó una de las ideas centrales de la entrevista:
La gente cree que hacer los taxes es cumplir con el gobierno. No tiene nada que ver con cumplir con el gobierno. Tiene que ver con que los taxes te impulsan o te hunden.
Si presentas tus impuestos mal hechos, te hunden. Y si declaras ingresos muy bajos, no tienes acceso a nada, ni siquiera a comprarte una casa. Contó una anécdota del día anterior: un cliente la llamó desde el banco porque no le aprobaban un préstamo. Ani le recordó que se lo había explicado: él quería bajar su ingreso con todos sus gastos para recibir el reembolso por sus hijos, y no se pueden tener las dos cosas. Si bajas el ingreso, no puedes mostrar un ingreso alto ante el banco.
El cliente reconoció que tenía razón y lo dejaron para el año siguiente. Para Ani, eso es lo que ella llama una cuota de sacrificio: la persona tiene que decidir qué quiere, si recibir el reembolso o comprarse su casa.
Volvió al tema de no victimizarse: te pueden pasar cosas, pero si te victimizas, les das a los demás el control sobre ti. Si en cambio dices “me pasó esto, voy a ver cómo lo resuelvo”, puedes sacar algo maravilloso de lo que te sucedió.
El peor momento
Betty le preguntó cuál ha sido su fracaso más grande. Ani volvió a la historia del carro, porque llegó en el peor momento posible. Trabajaba haciendo delivery con ese carro, que era lo que le permitía llevar el pan a la casa. Había llegado al país con sus dos hijos pequeños y era la principal fuente de ingreso del hogar; su mamá también trabajaba y aportaba, pero se enfermó, y al mismo tiempo su hermana quedó embarazada. En medio de todo eso le chocaron el carro y descubrió que debía el valor completo.
Betty lamentó que existan personas con esa mentalidad de perjudicar al otro. Ani respondió que todas las cosas caen por su propio peso, y la conductora le recordó que, sin esa experiencia, no tendría la empresa que tiene hoy. “Es correcto”, coincidió Ani.
La primera casa, comprada en plena pandemia
Betty le pidió que contara su experiencia con los bienes raíces. Ani explicó que, por su formación bancaria, siempre tuvo un plan estructurado. Cuando se casó con un estadounidense, le propuso vivir rentados un año y luego mudarse a casa propia. Él le preguntó si creía que eso era tan fácil. Ella le respondió que no era fácil, pero tampoco imposible, y que si no era imposible había que intentarlo.
Llegó la pandemia y les aumentaron la renta. Ani tenía los impuestos en orden y le dijo que estaban listos para buscar casa. Él le respondió que estaban en pandemia y que no se podía salir. Su respuesta, entre risas: “Si nos morimos, nos morimos con una casa”.
Contó que viene de una familia donde su papá tiene propiedades rentadas, y creció viendo cómo esas propiedades siguen generando por toda la vida; el año anterior había vuelto a Venezuela y las casas seguían siendo de su papá, con los mismos inquilinos. Además, como en plena pandemia nadie quería salir, las condiciones eran muy favorables: según relató, les ofrecían cubrir los gastos de cierre y hasta extras como la puerta eléctrica del garaje. La operación la estaba haciendo con una amiga agente de bienes raíces a quien había conocido en la escuela de inglés.
Su esposo fue a ver la casa, pero no quería firmar. Tenía miedo, en parte porque una tía le había dicho que era una locura asumir ese riesgo con la gente muriendo de COVID. Ani le contestó que, si no se morían, igual tenían que seguir pagando renta, y que les habían subido unos 400 dólares mensuales. Con la casa iban a pagar menos de lo que pagaban de renta, y ya tenían el dinero de la inicial.
Ani contó, con humor, que llegó a plantearle muy en serio que si no compraban la casa tendrían que separarse, y le dio 24 horas para pensarlo. Su argumento fue claro: “Lo que no puedo hacer es estar arrastrando a una persona a una vida que yo quiero construir y que tú no la ves”. A la mañana siguiente, él le dijo que se iba a arreglar, salieron en media hora y firmó.
Hoy tienen casi diez propiedades. Aquella primera casa la compraron por menos de 400.000 dólares, con una tasa de interés de poco más del 2%, y su valor ha subido considerablemente desde entonces.
En las crisis, el dinero cambia de manos
Ani conectó esa historia con un mensaje que acababa de publicar en redes con su equipo de marketing: en las crisis hay personas que han hecho muchísimo dinero.
En momentos de crisis el dinero no se va, el dinero nunca se va. Lo único que pasa es que el dinero cambia de manos.
Si te asustas, el dinero no va a estar en tus manos. Aclaró que no se trata de tomar riesgos a lo loco: hay que formarse, buscar a las personas correctas que te guíen y hacer tu estudio de mercado. Pero el que no arriesga no gana, y el miedo a perder también te impide ganar.
Consejos para quien acaba de llegar
Betty le preguntó qué le diría a alguien que acaba de llegar al país, que está en cero y tiene miedo de empezar. Ani dio varias claves:
- Un trabajo de horario fijo no te va a cambiar la vida. Ese trabajo te permite pagar las cuentas; el cambio depende de que estés dispuesto a dar una cuota de sacrificio.
- Olvida los patrones que traes de tu país. Hay que adaptarse al país, porque el país no se va a adaptar a ti.
- Deja el ego. Muchas personas llegan con el “yo era, yo tenía, yo hacía”, y eso les impide empezar de cero.
Ani observó que, desafortunadamente, mientras mayor es la persona, más techos mentales suele tener. Betty dijo que le encanta esa expresión y comentó que los techos mentales son imaginarios: los creamos nosotros mismos.
Cómo rompió sus techos mentales
Betty le preguntó cómo rompió los suyos. Ani explicó que aprendió las finanzas desde adentro de una entidad bancaria, y contó qué la llevó a ese camino. De niña tenía una vecina que salía todos los días arreglada al trabajo y que, con el tiempo, se compró un carro nuevo. Un día se atrevió a preguntarle a qué se dedicaba. La vecina le contó que trabajaba en el área de negocios de un banco, y Ani se fijó en cómo había ido creciendo económicamente poco a poco con su trabajo. Por eso, cuando en el programa juvenil le dieron a elegir entre tres opciones, escogió el banco.
En el banco tuvo personas que la formaron muy bien y que hoy son grandes amigos. Llegó a ser gerente por primera vez a los 21 años, con personas de 40 y 50 años a su cargo. Lo atribuye a la humildad para aprender.
No importa cuánto sepas, uno siempre puede aprender de cualquier persona, todos los días.
Contó que va a todos los lugares donde la invitan, porque siempre aprende algo. Esa humildad, dijo, te ayuda a entender que los techos mentales son tuyos y que no hay límite. Además, quiere que las personas a su alrededor crezcan: “Cuando tú ayudas a otro a brillar, yo creo que tú lo entendiste todo, porque brillamos todos”.
Cuando ni ella misma creía
Betty le preguntó qué pensaba de sí misma cuando nadie creía en su visión, ni siquiera ella. Ani admitió que todos tenemos esos momentos de duda, y que ella pensaba en lo sola que estaba en este país. Pero al instante se para frente al espejo y se pregunta qué le pasó: si ha transformado en positivo todo lo negativo que le ha ocurrido, claro que va a poder.
Lo que más la ayuda a cambiar esos pensamientos son sus hijos. Ya adolescentes, ve en las personas en que se han convertido, en cómo hablan y en lo que les preocupa, el reflejo de su ejemplo. Han visto el trabajo duro, enfocado y con disciplina. “Yo los adoro, pero en mi casa hay disciplina”, dijo.
También la impulsan sus clientes y seguidores. Hay personas que le escriben contándole que estaban deprimidas y que algo que ella publicó les recordó que sí pueden. Eso le confirma que tiene que seguir.
No importa que nos vayamos a caer, siempre nos tenemos que levantar con más fuerza, porque después de la caída tenemos lo que no teníamos ayer, que es la experiencia.
El libro que le cambió la vida
Betty le pidió recomendar un libro de finanzas. Ani no dudó: Padre rico, padre pobre, de Robert Kiyosaki. Dijo que ha leído muchísimos libros de finanzas, que hasta compró el juego de mesa y que le regaló el libro a su hijo, porque le cambia la vida a las personas.
Liderazgo y mentores exigentes
Betty quiso saber si siempre fue una mujer tan empoderada o si eso vino de los aprendizajes de la vida. Ani respondió que fueron los aprendizajes, aunque siempre tuvo carácter: de niña era presidenta del centro estudiantil y capitana de su equipo.
Pero quiso darle crédito a quien lo merece: tuvo muy buenos mentores a lo largo de su carrera bancaria, personas que creyeron en ella, a quienes les tiene un profundo agradecimiento y que hoy son amigos de vida. Personas que le exigieron mucho.
Recordó en particular a una jefa a la que la mitad del banco no quería, porque a la gente no le gusta que la exijan ni que la saquen de su zona de confort. Esa persona la ponía incómoda, sí, pero la obligaba a dar siempre la milla extra. Todos le advertían que era terrible, y terminó siendo una gran amiga: cuando vino a Estados Unidos se quedó en su casa, y cuando Ani va a Venezuela la visita. Le presentó a toda su familia, que también la adora.
Tener personas que te impulsen también es una gran bendición.
Lo que le diría a la Ani de hace 20 años
Betty le preguntó qué consejo se daría si pudiera volver 20 años atrás. Ani tuvo dos respuestas claras: ahorrar todo lo posible en dólares y aprender inglés. Contó que ahorró en otras cosas que luego pudo cambiar, y que así logró venirse, porque llegar a Estados Unidos con cierto piso económico no es fácil desde su país. Pero si hubiera llegado hablando inglés, su camino quizás habría sido totalmente distinto.
Ambas coincidieron en que en Venezuela, y probablemente en Colombia, muchas personas tienen una o dos carreras universitarias, pero el inglés no es obligatorio y lo que se ve en el colegio es muy básico. Ani señaló que hoy, con el trabajo remoto, muchas empresas estadounidenses contratan gente de nuestros países, y la gran limitante suele ser el idioma. Su recomendación a los padres: si no pueden pagar un colegio bilingüe, que suelen ser costosísimos, al menos busquen un profesor de inglés para sus hijos.
Llega una persona que habla un solo idioma y llega otra que habla dos o tres idiomas. Obviamente la posición va a ser para esa persona.
De trabajar para sobrevivir a trabajar para liberarse
Betty le preguntó en qué momento decidió dejar de hacer dinero para sobrevivir y empezar a hacerlo para liberarse. Ani explicó que ya había logrado esa independencia económica en Venezuela, y que venir a Estados Unidos fue volver a la fase de trabajar para pagar. Por eso decidió aprovechar las herramientas que ofrece este país: aquí se trabaja mucho, pero si te enfocas puedes usar ese dinero extra, hacer las cuotas de sacrificio necesarias e invertir, para algún día dejar de depender del día de pago.
Bienes raíces: el verdadero beneficio es fiscal
Betty le preguntó en qué se debe invertir. Ani dijo que siempre es partidaria de diversificar, pero que los bienes raíces son una de las inversiones que históricamente más destacan, como enseña Kiyosaki en su libro. Y aclaró una confusión común:
La gente cree que la ganancia de una inversión como esa es la renta, y está lejos de eso. El real beneficio es el beneficio fiscal.
Explicó que el código fiscal permite depreciar una propiedad de inversión, y que esa depreciación reduce lo que te toca pagar de impuestos sin que disminuya tu ingreso real. También mencionó que, en la casa donde vives, los intereses de la hipoteca pueden deducirse en la declaración. Son cosas que, si la gente las supiera, no diría “no voy a comprar una casa porque la voy a pagar por 30 años”.
Contó que tiene clientes que trabajan en aplicaciones, haciendo delivery o Uber, y que ya van por su tercera casa. Todo depende de si realmente quieres lograrlo y de tener un plan.
Su método para salir de deudas y comprar casa
Betty le pidió explicar cómo una persona puede empezar ese plan. Ani lo detalló paso a paso:
- Siéntate y sé franco contigo. Toma una hoja y divídela en dos: lo que necesitas tener y lo que quieres tener.
- Identifica las necesidades reales. Pagar donde vives, el carro con el que te mueves y el seguro del carro son necesidades.
- Identifica los deseos. Comer fuera cinco o seis veces al mes no es una necesidad, es un deseo. Esos gastos se pueden eliminar, no de por vida, sino como cuota de sacrificio.
- Sal de las deudas primero. Ani señaló que muchas personas usan la tarjeta de crédito para comprar cosas que no necesitan y que terminan tiradas en el garaje, pagando intereses de más del 25%. De un pago de 300 dólares, casi todo se va en intereses. Su propuesta: probar un mes sin comer fuera y usar todo lo ahorrado para pagar las tarjetas.
- Ahorra lo que antes pagabas en intereses. Ser libre de deudas no significa que ahora puedas gastar más. Ese dinero se ahorra durante unos 12 meses.
- Compra tu primera casa. Con ese ahorro se puede dar la inicial de una vivienda, por ejemplo en preconstrucción, donde a veces el constructor cubre los gastos de cierre.
- Vívela como residencia principal. Ani explicó que el código fiscal permite que, si vives la propiedad como tu residencia principal al menos dos años, al venderla una parte importante de la ganancia quede exenta de impuestos, con un límite mayor para las parejas casadas. Así, una persona puede pasar de no tener nada a tener una ganancia importante en el bolsillo.
Insistió en que todo esto se hace con estrategia y con disposición a sacrificarse, que es lo que la gente no quiere hacer. ¿Cuál es esa cuota de sacrificio? Dejar de comer en la calle, dejar de comprar lo que no necesitas, dejar de entrar a las aplicaciones de compras con un clic y olvidarte por un tiempo de la lista de deseos.
Ella misma lo hizo. Recién casada, cuando lo natural es querer salir, comer fuera y pasear, le dijo a su esposo que no podían seguir paseando porque querían comprar la casa en un año.
El que no creía, hoy es el mejor vendedor
Betty le preguntó qué le dice hoy su esposo, que al principio no creía en su visión. Ani respondió riendo que él es el mejor vendedor de la empresa, porque cuenta que no creía nada y que ella creó un plan que funcionó.
Para Ani, la clave es el control de las finanzas. Si no sabes cuánto ganas y no controlas tus gastos, terminas como las personas que ganan 1.000 y gastan 3.000, cubriendo el déficit con tarjetas de crédito. Betty coincidió: no se trata de cuánto ganas, sino de cómo lo administras, porque hay quien gana 100.000 o 200.000 dólares y lo malgasta todo.
Ani contó que en su empresa aplican lo que predican. Leer a Kiyosaki marcó un antes y un después, y cuando pensó en sus instalaciones decidió no pagar renta y comprar el edificio. También tienen propiedades en renta corta tipo Airbnb.
Un libro contra la mentalidad de víctima
Betty le preguntó si había otro libro que la marcara. Ani mencionó uno de Camilo Cruz que la ayudó especialmente con el tema de la mentalidad de víctima, y contó una historia que les repite a sus hijos.
Dos empleados de una empresa reciben la misma tarea, cada uno por su lado: organizar un desayuno para una reunión de diez personas, con café y fruta, sabiendo que uno de los asistentes solo come manzana. El empleado que siempre se quejaba de que a su compañera le daban oportunidades y a él no, cruzó a la tienda de enfrente, pidió diez manzanas y café negro, que era lo único que había. La otra persona también fue a la tienda de enfrente, pero al ver que solo tenían una fruta caminó dos calles más hasta un mayorista con mejores precios. Con un presupuesto de 1.000 dólares gastó 600, ahorrándole 400 a la empresa, llevó la manzana cortada para quien solo come manzana, ensalada de frutas para los demás y café. El jefe solo se volteó hacia el primer empleado y le preguntó si todavía tenía alguna duda de lo que se quejaba al principio.
Los culpables no son los demás. El que tiene que cambiar, si uno quiere avanzar, es uno mismo.
No escuches a quien nunca ha construido nada
Betty le preguntó qué consejo le daría a alguien recién llegado para que no pase por lo mismo que ella. Ani recordó lo que le decían de niña: aprende de los errores de los demás. Y agregó un consejo firme: no escuches a una persona que nunca haya construido nada, porque esas son las personas que te apagan.
Contó que eso puede pasar incluso en la familia. Cuando empezó con los impuestos, le decían que Estados Unidos estaba lleno de personas que preparan taxes y le preguntaban si de verdad creía que iba a poder. Ella respondía que no todos tienen la misma calidad de servicio, y que en este país hay millones de personas. Hoy, algunas de esas mismas personas le piden empleo en su empresa. “Menos mal que no los escuché”, dijo.
Su conclusión: quien no se ha esforzado por nada tiene tanto temor a que tú seas buena en lo que haces que trata de apagarte. Por eso hay que rodearse de gente que te impulse y te inspire.
Yo quiero ser el pececito más pequeño dentro de la pecera.
Cómo se ve en diez años
Para cerrar, Betty le preguntó cómo se ve en diez años. Ani respondió que se ve retirada: quiere retirarse a los 45 años del trabajo directo con el cliente, quizás dirigiendo las oficinas, pero dedicada al cien por ciento a las inversiones. Betty le propuso grabar otro capítulo solo sobre inversiones y le agradeció su contenido, sobre todo en inversión y libertad financiera, una meta a la que, dijo, todos deberían llegar. Ani contó que se le puede encontrar en redes sociales como Ani Miller Services.
La conversación con Betty Palomino deja un hilo claro: cada engaño que vivió Ani al llegar, desde un contrato de carro con cuota balón hasta una carta del IRS sin respuesta, se convirtió en un aprendizaje y luego en un servicio. Su receta combina la negativa a victimizarse, la humildad para aprender de cualquiera, un plan financiero con cuotas de sacrificio y la convicción de que, incluso en las crisis, el dinero no desaparece: solo cambia de manos.
Video: canal Betty Palomino, podcast Mentes Poderosas.
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