ESEN
ESEN

BLOG

“El sueño americano sí se puede lograr”: Ani Miller en Habla Bien Conecta Mejor

De vicepresidenta de banco a los 28 años en Venezuela a fundadora de Ani Miller Services en Estados Unidos.

Read this article in English

Con 28 años, Ani Miller ya era vicepresidenta en uno de los bancos más importantes de Venezuela. En 2016 empezó de cero en Estados Unidos y creó Ani Miller Services para ayudar a la comunidad latina a organizar sus finanzas, establecerse, crear negocios y aprovechar las oportunidades de este país.

En este episodio

  • Cómo pasar de ejecutiva a emprendedora.
  • Cómo equilibrar los roles de madre, profesional y empresaria.
  • Por qué los límites existen sobre todo en la mente, y cómo romperlos.

La conversación, en detalle

En el episodio 38 de Habla Bien, Conecta Mejor, el podcast de la comunicadora Daniela Kosan, Ani Miller contó su historia completa: desde la niña que preguntaba a una vecina en qué trabajaba, pasando por una carrera bancaria que empezó en la adolescencia, hasta la llegada a Estados Unidos y el nacimiento de Ani Miller Services. Daniela la presentó como una mujer que, según su introducción, con solo 28 años llegó a ser vicepresidenta de negocios en una de las entidades bancarias más importantes de Venezuela, con una licenciatura en contaduría pública y una maestría en finanzas. A lo largo de la conversación hablaron de liderazgo, de cómo cerrar un negocio, de las personas que te desenfocan, del susto con una carta del IRS que cambió su vida y de cómo convenció a su esposo de comprar su primera casa en plena pandemia. Esta es la entrevista completa, contada en orden.

Una palabra para describirla: apasionada

Daniela abrió con una lista de términos para que Ani eligiera el que mejor la describe: segura, empoderada, visionaria, inspiradora, motivadora o apasionada. La respuesta fue inmediata.

Apasionada. Definitivamente apasionada.

Daniela confesó que lo intuía: para ser líder tan joven en un banco hace falta mucho impulso y mucha pasión.

Del programa del INCE a la banca a los 16 años

Ani contó que empezó su educación muy joven y terminó el bachillerato antes de lo habitual. Después entró en un programa del INCE, una institución venezolana que forma a los jóvenes recién graduados para el mundo profesional. La formaron como asistente contable, y la empresa que la patrocinaba era una entidad bancaria. Allí hizo un año de teoría y luego su año de práctica.

Por su buen desempeño, el banco decidió contratarla como empleada, y así, con 16 o 17 años, comenzó su historia profesional. Daniela no salía de su asombro: pensaba en su propio hijo, que estaba por cumplir 15, y no se lo imaginaba trabajando en un banco dos años después.

La vecina que trabajaba en un banco

Ani explicó que su interés venía de mucho antes. Su papá, en Venezuela, siempre tuvo propiedades en alquiler; ese ha sido su negocio de toda la vida. Su mamá es administradora, y Ani la veía siempre sacando cuentas. Y había una vecina que trabajaba en un banco: salía todos los días bien vestida, se movía en transporte público y un día llegó con un carro nuevo.

Ani, todavía niña, se le acercó con mucha educación y le preguntó en qué trabajaba. La vecina le contó que trabajaba en un banco, que había empezado muy joven y que había ido creciendo. Dos años después esa misma vecina se compró su casa y se mudó. Ani pensó que ese era el camino que quería. Además, siempre le gustaron las finanzas: empezó a trabajar a los 11 años y desde niña le decía a su mamá que quería tener su propio negocio.

De esa etapa bancaria guarda un recuerdo especial: la banca de hace unos 20 años, cuando todavía existía la atención de un ser humano frente a otro, cuando te sentabas con alguien que te atendía con una sonrisa. Allí se encontró con personas que la apoyaron y creyeron en ella.

Gerente a los 20 años: “Denme 90 días”

No fue fácil. La primera vez que Ani fue gerente tenía 20 años, y las personas que trabajaban para ella tenían 50. Daniela quiso saber cuál era su diálogo interno para no sentirse menos frente a gente con mucha más experiencia. Ani contó el discurso que daba cada vez que llegaba a un grupo nuevo.

Uno no puede decir que no a lo que no conoce. Ustedes no me conocen y no tienen por qué creer en mí, porque las palabras se las lleva el viento. Tenemos que vivir de hechos y realidades, aunque seamos soñadores.

Su propuesta era concreta: “Denme 90 días”. Si al cabo de ese tiempo el equipo consideraba que ella no era la líder que querían, o que el rumbo que llevaba no era el correcto para el negocio, ella misma se iría. Daniela, entre risas, le pidió que la “adoptara”, asombrada de que una joven de 20 años hablara así frente a un equipo de ejecutivos.

“No quiero vivir limitada”

¿De dónde sacaba esa fortaleza? Ani respondió que desde muy pequeña le gustó mucho leer, y que siempre vio la vida de otra manera. Los adultos suelen pensar que hay que hacerse grande para empezar a preocuparse por el futuro; ella, desde muy joven, decidió que no quería preocuparse por mirar la cuenta en un restaurante ni decirles a sus hijos que ese año no habría vacaciones.

Yo quiero decirles a mis hijos a dónde quieren ir. No quiero vivir limitada. Y si tú no quieres vivir limitado, tienes que enfocarte y hacer los sacrificios que te correspondan cuando te toque hacerlos, porque eso va a ser momentáneo.

Daniela añadió que la sociedad nos empuja a “disfrutar mientras somos jóvenes y después vemos”, y que ese “después” llega con menos energía. Ani coincidió: en Estados Unidos muchísimas personas tienen que seguir trabajando hasta edades muy avanzadas porque no tienen otra forma de mantenerse. Contó que por su manera de pensar recibió muchas críticas; sus amigas le decían que era aburrida porque siempre estaba trabajando, y ella les respondía que, gracias a eso, podía ir a donde quisiera sin estar pendiente de cuánto gastaba. Su conclusión es que todos tenemos un talento, pero primero hay que encontrarlo. En su caso, ese talento eran las finanzas.

Lo que pasó después de los 90 días

Daniela quiso saber cómo terminó aquella prueba. Ani explicó que ese equipo nunca había cumplido sus objetivos. En los bancos, el presupuesto anual se reparte entre las oficinas y se convierte en metas mensuales, y aquel grupo trabajaba por cumplir un horario: nadie llegaba a las metas y nadie cobraba comisiones.

Una persona no va a extrañar algo que no conoce. Si nunca has tenido dinero de comisión en tu bolsillo, ¿cómo lo vas a extrañar?

Para hacérselo entender usó un ejemplo cotidiano: les dijo que a ella no le gusta cocinar de noche para llevarse la comida al trabajo, sino tomarse la hora de almuerzo e ir a comer algo rico y calientico en un restaurante. Y que si le gusta eso, tiene que enfocarse en cumplir sus objetivos. En la oficina había que rendir y ser eficientes, porque ella estaba acostumbrada a ganar dinero y todo el que estuviera en su equipo también tenía que ganarlo. Los 90 días eran para demostrar que, trabajando de forma sincronizada y apoyándose entre todos, todos iban a cumplir y todos iban a cobrar.

Así fue: ese primer trimestre todo el equipo cobró comisiones. Recordó que uno de los empleados se le acercó para contarle que se había ido de viaje con su familia el fin de semana, y que describió como impresionante “ese sentimiento de que yo podía proveer”. Ani le respondió que podía hacerlo todos los fines de semana si se enfocaba.

Una carrera de negocios, nunca en la caja

Con un equipo que cumplía mes tras mes, Ani fue escalando posiciones. Pasó por casi todos los cargos imaginables, excepto la caja: nunca fue cajera, siempre estuvo del lado de los negocios. Se lo agradece a su primera jefa en el banco, a quien considera una de sus mentoras y con quien conserva una amistad, que siempre la empujó a enfocarse en los negocios porque ahí era donde podría crecer.

Me tomé esa oportunidad para ir creciendo y para llevar a mi equipo a que creciera conmigo de la mano. No solamente tú, sino impulsar a otros.

Lo que nos desenfoca: las personas que no están en tu sintonía

Daniela recordó que su podcast trata precisamente de cómo cuidar los pensamientos y la manera en que nos hablamos, porque eso genera emociones y resultados. Le preguntó a Ani si había descubierto qué aleja a las personas de sus objetivos.

Ani respondió que muchas personas se dejan llevar por lo que dice la gente a su alrededor, por las personas “tóxicas”, como se dice ahora. No se trata necesariamente de gente mala, sino de personas que no van en tu misma sintonía ni quieren lograr las mismas metas, y que cuando les cuentas que vas a emprender te dicen “no lo hagas, déjalo así”. Según ha descubierto, esos mensajes muchas veces vienen de quienes temen que tengas éxito, y pueden venir de amigos, de la pareja e incluso de la familia.

Lo ilustró con su propia experiencia en Venezuela, donde compraba y vendía carros. Aclaró que allá la economía funcionaba de forma totalmente distinta y que no se puede trasladar esa lógica a Estados Unidos: en ese contexto, compraba un carro y a los tres meses valía el doble. Aun así, familiares le preguntaban para qué seguía comprando si ya tenía cuatro.

Cuando una persona cercana, un amigo, un familiar o tu pareja te dice que no lo hagas, eso pone una semillita en ti y empiezas a pensar que quizás no vas a ser suficiente. Por eso hay que enfocarse en lo que realmente quieres lograr y rodearte de personas como tú.

La belleza de la banca de negocios

Daniela le preguntó si, al ir escalando, sintió que llegaba a un techo. Ani respondió hablando de su amor por la banca. Cuando estás en el área de negocios, explicó, acompañas a una persona o a una empresa mientras crece, “como un bebé”. Visitaba negocios muy pequeños que, gracias a un préstamo del banco, crecían y luego abrían otra sucursal. El mérito es del dueño, pero uno siente que puso un granito de arena.

Añadió que la banca también permite crecer a nivel financiero, siempre que haya enfoque: los sueldos bancarios son promedio, y lo que realmente marca la diferencia son las comisiones, que solo llegan si se cumplen las metas todo el año.

Cómo enseñar a cerrar: el gerente de las 25 visitas

Daniela quiso conocer su método de trabajo. Ani explicó que, además de las reuniones mensuales con gerentes, visitaba cada semana todas las oficinas a su cargo por Caracas, “entaconada todos los días”, y llamaba a diario a sus gerentes para preguntar cuántas visitas habían hecho y qué estaba pasando.

Contó el caso de un gerente que era muy bueno haciendo visitas: debían hacer cinco diarias, él completaba 25 a la semana, pero no cerraba nada. Ani, a quien en el banco llamaban “la closer”, le propuso acompañarlo un día solo para observar, y al día siguiente cerrar ella para que él viera dónde estaba fallando.

Descubrió el problema enseguida: él llegaba directo a ofrecer el préstamo, muy frontal, casi enseñándole al dueño cómo llevar su negocio, y el cliente sentía un choque. Ella, en cambio, empezaba por conectar. Si veía un cuadro en la oficina, preguntaba por su historia, y el dueño terminaba contando cómo había llegado hasta ahí. Así se rompía el hielo.

Luego venía el giro que le cambiaba la conversación al cliente. Ani explicó que en su nivel ya tenían firma en comité y que los préstamos que aprobaban se basaban en lo que veían en esas visitas, porque se trataba del dinero de las personas que confiaban en el banco.

Yo no necesito darte el préstamo. El que necesita el préstamo eres tú. El banco necesita saber cuál es tu historia, hacia dónde vamos y cuál es tu proyección de crecimiento.

Con ese cambio de perspectiva, contó, los clientes que llevaban tres visitas sin decidirse terminaban pidiendo que les enviaran los documentos. “Todos los bancos le van a venir a vender”, le explicó al gerente; la diferencia es hacer que el cliente sienta que es él quien tiene que convencer al banco.

Poner a cada persona donde brilla

Cuando sus gerentes empezaban a cobrar comisiones y sentían lo que podían proveer a sus familias, se volvían imparables. Llegó un momento, en sus dos últimos años en la banca, en que cuando el banco quería despedir a alguien, se lo enviaban a ella primero.

No puedes poner a un pez a subir el tronco de un árbol. Tienes que ver para qué es buena la persona y ponerla en esa área.

Contó que más de una vez le dijeron que no podía ser: le habían dado 60 días para despedir a una persona y ahora esa persona era la número uno en su área. Daniela lo describió como un don: la intuición para ver el talento de cada quien y ubicarlo en el lugar adecuado. La anfitriona también compartió que a ella le da pena hablar de dinero al negociar, y que durante años tuvo una representante que cerraba por ella; ambas coincidieron en que la comunicación es una herramienta poderosa para vender.

La decisión de dejar Venezuela

Daniela le preguntó qué la motivó a salir de Venezuela. Ani explicó que fue por un tema personal: el padre de sus hijos mayores falleció en Venezuela y, tras vivir una experiencia de secuestro, se vio en la necesidad de irse del país. En 2016 llegó a Estados Unidos con sus dos hijos y su hermana, y poco después trajo a su mamá.

Pasar de una posición de liderazgo a empezar realmente de cero, sin el idioma, fue enorme. Pero desde el primer momento tuvo clara una idea.

Yo estoy llegando al país. La que se tiene que adaptar al país soy yo; no puedo pretender que el país se adapte a mí.

Si quería mejorar la calidad de vida de su familia, tenía que ir a la escuela y aprender inglés. Estudió durante dos años y hoy se comunica perfectamente en ese idioma. Explicó que, aunque en zonas latinas uno puede vivir en español, para avanzar en un área como las finanzas todo está en inglés y hay que entenderlo.

Mientras tanto hizo lo que hacen muchos inmigrantes: trabajó en todas las aplicaciones de delivery que existen. Sus hijos empezaron el colegio, ella terminó sus dos años de inglés y entonces decidió crear su empresa.

Ani Miller Services: una empresa nacida de sus propios problemas

Ani Miller Services está basada en mi experiencia como inmigrante en los Estados Unidos. Todos los servicios que prestamos en la oficina están basados en los problemas que yo tuve como inmigrante.

Daniela comentó que, al revisar su perfil, le sorprendió lo amplio de su portafolio: finanzas, seguros, real estate, hipotecas y más. Ani lo resumió así: todo lo que necesita una persona para vivir en Estados Unidos, en un solo sitio y con su información protegida. Y aclaró que no atiende solo a inmigrantes, porque también tiene muchos clientes estadounidenses.

La carta del IRS que lo cambió todo

La empresa empezó con los impuestos, y su origen es una historia que Ani contó con detalle. Hizo sus taxes con una persona que le recomendaron, esa persona cometió un error y Ani recibió una carta del IRS. El susto fue enorme. Le escaneó la carta a la preparadora y le escribió, pero pasaron dos, tres días sin respuesta, mientras la carta decía que tenía 30 días para contestar. A los cinco días le respondió una asistente: estaban muy ocupados con la temporada de taxes y le sugerían que tratara de resolverlo ella misma.

Para alguien que venía de años de servicio impecable en la banca, donde siempre se atendía al cliente después de la venta, aquello era inconcebible: había pagado por un servicio y solo estaba haciendo una pregunta sobre él. Aun así, quiso ser flexible y pensó que quizás no le habían dado el mensaje. Manejó una hora hasta la oficina, esperó tres horas afuera y nunca la atendieron.

Ese día decidí: si yo estoy pasando por esto, imagino que le puede estar pasando a muchísimas personas que llegamos aquí, que no conocemos el sistema y nos dejamos llevar por una recomendación.

Desde su carro empezó a buscar cursos de impuestos por todas partes, algo difícil en plena temporada. Encontró un instituto con un intensivo de una semana. Le dolía dejar de trabajar esos días, pero necesitaba contestar la carta, que ni siquiera con el traductor lograba entender. Se llevó la carta al curso y allí le enseñaron cómo responderla.

Con esa semana de formación, pidió una cita en el IRS y fue personalmente a explicar su declaración. El problema era que la preparadora había cometido un error con la fecha de nacimiento y el número de Seguro Social de su hijo, y esos datos no correspondían, por lo que se sospechaba un posible fraude. Ani llevó todos sus documentos y el caso se aclaró. También contó lo que le había pasado al buscar ayuda, y le explicaron que un preparador registrado ante el IRS debe estar disponible para el cliente cuando este lo necesita por el servicio que le prestó, algo que ella tampoco sabía.

Su primera temporada de impuestos

En esa época Ani hacía entregas de delivery, y empezó a contarles la historia a sus compañeros. Ellos le pidieron que les hiciera sus taxes. Ella les advirtió que apenas estaba empezando, pero le respondieron que si había sido capaz de ir al IRS a defender su propia declaración, confiaban en ella. Ese mismo año preparó los impuestos de unas 30 personas entre amigos y conocidos. Fue su primera temporada.

Contó que con su propio trámite migratorio le pasó algo parecido: por un problema con un cambio de dirección perdió una cita importante, se asustó, tomó un curso para entender su caso y logró resolverlo. Hoy, dijo, es ciudadana estadounidense. Daniela encontró el hilo común de toda su historia: la educación y la preparación para evitar errores, que en Estados Unidos se pagan en tiempo y en dinero.

“Fácil no es, pero imposible tampoco”: la primera casa

En 2018 Ani conoció a su esposo actual, que es estadounidense y tiene, en sus palabras, una mentalidad “todo cerradito, todo cuadradito”. Al casarse, ella le propuso vivir alquilados solo un año, porque al año comprarían su casa. Él le preguntó si creía que era tan fácil.

Fácil no es, pero imposible tampoco.

Luego llegó la pandemia. En 2020 seguían alquilados en un apartamento, y cuando Ani le recordó que ya había pasado el año, él respondió que estaban en pandemia. Ani hizo los números: les habían subido la renta y, si compraban, pagarían menos de lo que pagaban de alquiler, con las tasas de interés tan bajas de aquel momento.

Él seguía sin estar convencido, y Ani recordó de dónde venía: creció viendo a su papá alquilar propiedades, y en un viaje reciente a Venezuela vio que muchos inquilinos seguían alquilados después de 30 años. Ella no estaba dispuesta a que le pasara lo mismo. Así que, con su mezcla de pasión y determinación, le habló claro: tenía metas en la vida y no quería un ancla. Le dijo que había pedido una cita con la constructora para el día siguiente a las 11 de la mañana, porque nadie quería comprar y estaban dando muchas facilidades, y le dio 24 horas para decidir.

Contó entre risas que ella durmió tranquila y él no pegó un ojo. A la mañana siguiente fueron a la constructora, pero él dijo que quería pensarlo un día más. Ese día vendieron la casa que Ani quería. Al día siguiente regresaron, y él le pidió al vendedor el townhouse más grande que tuvieran, con más habitaciones. Esa fue su primera propiedad, y la constructora les cubrió los gastos de cierre, les dio el garaje eléctrico y les cambió el piso, porque había pocos compradores. Hoy, según contó, deben poco más de 200,000 dólares y la propiedad vale más de 600,000, en apenas cinco años.

De un townhouse a muchas propiedades

Ocho meses después de mudarse, Ani le dijo a su esposo que se iban otra vez. Ella nunca había querido un townhouse, donde se oye el ruido de la casa de al lado, y ahora que ya estaban listos, quería una casa. Compraron su segunda propiedad, esta vez una casa unifamiliar. “De ahí ha sido historia”, contó: se han mudado siete u ocho veces y han comprado muchas propiedades.

Los taxes no son para cumplir: son para crecer

Daniela relacionó esa visión con su pasado comprando y vendiendo carros y con su preparación financiera, y señaló que eso es justamente lo que Ani ofrece en su empresa. Ani contó que el día anterior un cliente le había dicho que iba a cerrar su empresa, y ella le preguntó si tenía idea del potencial que tiene una empresa en Estados Unidos.

Aquí no se hacen los taxes solo para cumplir con el gobierno. Los haces porque es nuestra responsabilidad, pero los taxes te elevan a cosas que puedes alcanzar.

Por eso dice que ama la temporada de impuestos: cada año la acerca a nuevos objetivos. Cumple uno y se pone otro. A su juicio, el sistema de Estados Unidos es muy bueno para quien lo entiende y aprende a beneficiarse de manera legal, “siguiendo el librito de lo que dice la ley”. Así se puede crecer a nivel financiero rápidamente, siempre que haya enfoque y, sobre todo, que creas en ti.

Un mensaje para quienes están llegando

Al cierre, Daniela destacó la empatía de Ani para ayudar a otros a transformar sus vidas, no solo diciéndoles que sí se puede, sino que se puede ir por más. Le cedió la cámara para que le hablara a los hispanos que acaban de llegar, que no creen en sí mismos y no saben hacia dónde apuntar.

Crean en ustedes. Todos tenemos un talento; lo que tenemos que hacer es enfocarnos, descubrirlo, explotarlo y apoyarnos como comunidad. Cuando nos apoyamos y crecemos juntos somos más poderosos.

Añadió que la comunidad latina en Estados Unidos es sumamente poderosa si aprende a apoyarse, y que para cualquier cosa que necesiten, busquen a personas que anden en su misma sintonía. Daniela cerró pidiendo un fuerte aplauso para su invitada. La historia de Ani deja una lección que atraviesa toda la conversación: con enfoque, preparación y la gente correcta alrededor, empezar de cero no es el final de una carrera, sino el comienzo de otra.

Video: Habla Bien Conecta Mejor, episodio 38.

¿Quieres revisar tu situación con Ani y su equipo? Agenda una cita o escríbenos por WhatsApp. Atendemos en español y en inglés.

AGENDA UNA CITA

Hablemos de tu dinero

Déjanos tus datos y te llamamos para entender tu situación. Atendemos en español y en inglés.

SIGUE LEYENDO

Más del blog

Ver más artículos