En el podcast Salud, Dinero y Amor con Liliana Pérez, Ani Miller compartió estrategias concretas de crédito, impuestos y bienes raíces, además de las rutinas que la ayudan cada día.
De lo que se habla
- Su formación financiera, de la casa familiar a la banca venezolana
- Cómo construir y cuidar el score de crédito
- Taxes bien hechos, depreciación y créditos que se pierden
- Estrategias para comprar la primera casa sin comprar con la emoción
- Presupuesto, sacrificio y sus tres rutinas diarias
La conversación, en detalle
En el podcast Salud, Dinero y Amor, la conductora Liliana Pérez dedicó un episodio completo al dinero, con la intención de volver sencillo lo complicado. Su invitada fue Ani Miller, CEO de Ani Miller Services, a quien Liliana presentó como alguien que reúne “todo lo que uno puede tener en el tema financiero”: impuestos, bienes raíces, hipotecas y seguros. En casi una hora de conversación, Ani contó cómo llegó a las finanzas, cómo empezó de cero en Estados Unidos y cómo nació su empresa, y respondió con detalle a preguntas prácticas sobre crédito, impuestos, seguros, compra de vivienda y presupuesto familiar.
Las finanzas desde adentro de un banco
Ani explicó que las finanzas siempre fueron un tema importante en su vida, desde niña. En Venezuela existe un programa, el INCE, que ayuda a los jóvenes recién graduados del liceo a aprender una ocupación. Ani se graduó a los 16 años y el programa la asignó a una entidad financiera, donde empezó como pasante mientras estudiaba en la universidad de noche.
Allí empezó a entender las finanzas desde adentro: un banco gana dinero prestándolo, para que las personas lo manejen de forma óptima, obtengan un beneficio y a la vez puedan cumplirle al banco con los intereses. Esa, dijo, fue la base de su formación.
Cómo descubrió su pasión
Liliana comentó que muchas personas trabajan en algo que les da dinero pero no las apasiona, y que antes de grabar había notado que a Ani le brillaban los ojos hablando de este tema. Le preguntó cuándo descubrió que las finanzas eran lo suyo.
Ani contó que fue hace muchos años en Venezuela. Trabajó 12 años en la banca, desde los 16 hasta los 28, cuando se vino a Estados Unidos. En ese tiempo pasó por todo: pasante, sacar copias, asesora de negocios, ejecutiva, gerente y, finalmente, vicepresidenta de negocios.
Ese granito de arena, ese préstamo que el banco les daba, les permitía proyectarse y crecer en el futuro.
Recordó ver cómo una empresa pequeñita a la que había acompañado llegaba a tener diez sucursales, y ser parte de ese crecimiento la llenaba como persona. También creció con el ejemplo de su familia: su mamá es administradora y su papá tiene entre diez y doce propiedades rentadas en Venezuela. Esa escuela familiar, más la universidad y el trato diario con los clientes del banco, fue el “switch” que la convenció de que eso era lo suyo.
2016: empezar de cero con las aplicaciones
Ani llegó a Estados Unidos en 2016 y no empezó en lo suyo. Como muchos inmigrantes, hizo lo que tocaba: trabajó en prácticamente todas las aplicaciones que existen, de delivery, de comida y de transporte de pasajeros. Eso la rodeó de personas que, como ella, estaban tratando de salir adelante.
Un compañero de esa época le dio un consejo que cambió su camino. Cuando ella comentó que quería aprender inglés, él le recomendó no ir a las escuelas gratuitas, sino hacer el esfuerzo de pagar una buena escuela para tener resultados rápidos. El costo era considerable, pero confió en la recomendación.
Para poder asistir, trabajaba haciendo deliveries hasta la medianoche y estudiaba en la mañana, de lunes a jueves, porque quería ir con la mente fresca. Hizo un año completo de gramática y luego otro año de inglés conversacional, para perder el temor a no ser entendida. Reconoció que un trabajo de tiempo completo no le habría permitido hacerlo.
Fui tomando las piedritas que se me fueron presentando, en vez de verlas como un obstáculo, como el camino que yo tenía que recorrer para poder llegar a lo que yo quería.
Su meta, dijo, era volver a ejercer en el área de las finanzas.
La carta del IRS: cinco horas de espera
Liliana le preguntó cuál fue el primer paso de ese camino. Ani explicó que su empresa nace de sus propias experiencias como inmigrante. En su primer año en el país contrató a una persona recomendada para hacer sus impuestos y se quedó tranquila. Luego le llegó una carta del IRS, algo que, según ella, es uno de los mayores temores de quienes viven en Estados Unidos.
No entendía la carta y todavía no hablaba inglés, así que llamó a la persona a quien le había pagado. No recibió ninguna ayuda. Fue a su oficina, la hicieron esperar cinco horas y no la atendieron.
Ese día se preguntó cuántas personas estarían en su misma situación, habiendo pagado por un servicio que no apareció cuando lo necesitaban. Decidió buscar un instituto donde aprender todo sobre impuestos, empezando por resolver su carta. La ayudaron, pidió una cita, fue personalmente al IRS y resolvió el tema ella misma. En una semana y media ya había recibido su reembolso.
Con ese conocimiento, les ofreció a sus familiares hacerles los impuestos sin cobrar. Todos aceptaron, aunque algunos insistieron en pagarle. Empezó a contarles a sus amigos lo que le había pasado, que lo había resuelto y que ahora tenía licencia para preparar impuestos. Sus amigos y familiares confiaron en ella y así nació la empresa, al principio solo con los impuestos.
El carro con cuota balón
Después vino otra experiencia. Ani compró un vehículo creyendo que había hecho un buen negocio, y luego un policía la chocó en la autopista. Cuando fue al concesionario a cambiar el carro y preguntó cuánto debía, le dijeron que debía el vehículo completo, a pesar de llevar dos años pagando. El contrato tenía 71 cuotas de intereses y una cuota balón con el capital.
Como andaba con sus hijos en el carro, no podía seguir usando un vehículo chocado, así que lo cambió y aprendió todo lo relacionado con las finanzas en los concesionarios. Desde entonces ofrece también ese servicio, con un consejo central: no vayas solo al concesionario.
- Antes de ir, se hacen los números y se negocia.
- El concesionario suele alargar la operación hasta que el cliente, después de muchas horas, está tan cansado que firma lo que le pongan.
- Si el negocio se arma antes, el cliente pone las condiciones: si se consiguen esos números, se va y se firma; si no, no se va.
- Saber leer los números permite detectar cargos que te están agregando y que ni siquiera vas a necesitar.
Liliana preguntó si de verdad se puede cambiar la negociación inicial de un concesionario yendo preparado. “Sí, se puede”, respondió Ani.
¿Pagar el carro de contado o financiarlo?
Liliana le preguntó si es mejor pagar el carro completo o financiarlo. Ani respondió que depende, pero que en Estados Unidos el score de crédito es muy importante y hay que construirlo. Quien le tiene miedo a toda deuda difícilmente avanza económicamente; lo importante es distinguir entre deuda buena y deuda mala.
Su razonamiento fue el siguiente: si ningún banco te ha confiado más que una tarjeta de crédito con un límite bajo, ¿quién te va a prestar medio millón de dólares para una casa o 50.000 para un carro? Serías una persona muy riesgosa. Por eso, a los clientes que no quieren pagar intereses les propone una estrategia:
- Financiar el carro y hacer abonos a capital para pagarlo rápido, por ejemplo en un año.
- Así acumulan al menos 12 meses de pagos puntuales que demuestran al banco que son confiables.
- Después de ese año ya no son “primer comprador” y acceden a tasas de interés más bajas.
En Estados Unidos tiene más valor una persona con un score de crédito excelente que una persona que tenga 5 millones de dólares en una cuenta.
Aseguró conocer personas millonarias en cuentas bancarias a quienes no les aprueban un crédito, porque el sistema estadounidense funciona distinto al de nuestros países.
Los seguros de vida indexados (IUL)
Liliana pasó a otra herramienta que Ani maneja: los seguros. Ani explicó que, con las redes sociales, ahora todo el mundo habla de seguros, pero que cada persona tiene que revisar qué se ajusta a su situación. Ella tiene un seguro tipo IUL para sí misma y para sus hijos, y lo recomienda a muchos clientes.
Contó que no le gustan los seguros a término, porque mientras no mueras no pasa nada: básicamente compras el seguro para tus beneficiarios. Y se preguntó qué pasa contigo si llegas a los 70 años y tienes que esperar a que tus hijos te mantengan. Según explicó, la IUL es distinta:
- Es un seguro de vida: si falleces, paga a tus beneficiarios.
- Si te enfermas, puedes acceder al dinero de forma anticipada.
- Una parte del dinero va acumulando valor con el tiempo, con interés compuesto, de modo que el dinero trabaja mientras duermes.
Aclaró que, al tratarse de una póliza, no debería llamarse inversión, aunque una póliza indexada puede permitirte, en sus palabras, ser tu propio banco. Insistió en que no hace falta poner mucho dinero al mes: el monto depende del perfil y la realidad de cada persona, pero hay que empezar. Y si tienes responsabilidades económicas o propiedades, un seguro evita que tus hijos las pierdan si te pasa algo.
Dio un ejemplo propio: compró una oficina a través de un préstamo de la SBA, que le exigía tener una póliza de vida. En lugar de una póliza a término, eligió una IUL, con el prestamista como beneficiario, para que si algo le pasara la póliza pague y la oficina les quede a sus hijos.
Liliana reconoció que era la primera vez que le hablaban de este tipo de póliza y que muchas personas que venden seguros solo ofrecen los de término.
Si pagas renta, puedes pagar tu casa
Liliana le preguntó en qué momento un inmigrante debe decidir comprar su primera casa. La respuesta de Ani fue directa:
¿Cómo sabes que un inmigrante puede comprarse una casa? Porque paga la renta. Si pagas la renta, eres capaz de pagar también tu casa.
Advirtió que internet tiene mucha información incorrecta y que hay que preguntarse cuál es la fuente: qué ha hecho esa persona y si puede demostrar que lo que dice lo hizo ella misma. “Si tú no has hecho algo, tú no puedes guiar a una persona en hacerlo”, dijo.
Explicó que existen programas de compra de vivienda desde el 3,5% de inicial. Ese mismo día, contó, un cliente suyo estaba firmando una casa grande de cinco habitaciones con unos 12.000 dólares, con los gastos de cierre cubiertos. Pagaba 2.400 dólares de renta y con la hipoteca quedaba pagando 2.480: apenas 80 dólares más, pero ahora es su casa. Y esos 12.000 dólares salieron del reembolso de impuestos del año anterior.
Ani mencionó además una regla fiscal que pocos conocen: si compras una vivienda y la vives como residencia principal al menos dos años, al venderla puedes quedarte con la ganancia, hasta ciertos límites, sin pagar impuestos. Por eso insistió en contratar a alguien que realmente esté actualizado en las leyes fiscales.
Su conclusión fue que todos pueden hacerlo, pero que muchas personas gastan el reembolso en cosas que los empobrecen, como ir al centro comercial. Su pregunta antes de cualquier compra es: “¿Tú lo quieres o lo necesitas?”. Si lo quieres, puede esperar. Ella prefiere comprar una casa que en dos años le dé una ganancia, en lugar de objetos.
Casa para vivir o casa de inversión
Liliana preguntó qué es más rentable: comprar propiedades como inversión o una casa para vivir. Ani, que ha comprado de las dos, explicó las diferencias:
- Inversión: los programas suelen pedir desde un 15% de inicial y la tasa de interés es más alta, porque se supone que la vivienda se va a rentar y vas a obtener un beneficio.
- Vivienda principal: quien está estirando el cheque puede empezar con una casa con el 3,5% de inicial, mudarse, vivirla dos años y luego decidir si la renta o la vende, con beneficios fiscales que Ani calificó de increíbles.
Y repitió una idea que aparece en todas sus entrevistas: la gente cree que el negocio de los bienes raíces está en recibir la renta, pero ella ni está pendiente de la renta. Lo que más le importa es la depreciación de las propiedades, que le permite pagar menos impuestos. Ese es, para ella, el verdadero beneficio de invertir en bienes raíces.
Lo que un buen preparador de impuestos debería preguntar
Liliana preguntó si cualquier contador, al saber que su cliente compró una casa, aplica por su cuenta la depreciación y las exenciones que correspondan. Ani respondió que eso debería ser parte del servicio, y explicó cómo lo hacen en su oficina.
Cuando un cliente nuevo los contacta, muchos de ellos referidos por otros clientes, completa un cuestionario que incluye preguntas como:
- ¿Compró alguna propiedad este año?
- ¿Compró algún vehículo?
- ¿Compró alguna maquinaria para su negocio?
Los clientes nuevos suelen sorprenderse porque nunca se lo habían preguntado. La respuesta de Ani es que, si compraron cualquiera de esas cosas, pueden tener derecho a depreciarlas y pagar menos impuestos. ¿Por qué otros no lo dicen? Según ella, porque requiere más trabajo y muchos quieren ganar dinero fácil.
El sistema americano funciona si sigues el abecedario. Si tú haces todo lo que está escrito, tú vas a tener éxito, porque aquí todo está escrito.
Si se improvisa, en cambio, se pierden créditos fiscales. Como ejemplo, mencionó un crédito reembolsable de la época de la pandemia para trabajadores independientes, incluidos quienes recibían formularios 1099 de aplicaciones, que muchos preparadores nunca les mencionaron a sus clientes. En su oficina revisaban las declaraciones anteriores y, solo si valía la pena, le explicaban al cliente cuánto podría recibir, para que decidiera si hacer la enmienda.
Liliana coincidió en que se pierden muchas cosas por desconocimiento, y que por eso es tan importante tener una aliada que quiera hacer el trabajo bien y no simplemente llenar un formulario.
Primer escenario: 5.000 dólares ahorrados
Liliana propuso un ejercicio: ella plantearía escenarios y Ani diría qué haría si esa persona llegara a su oficina. El primero: una inmigrante legal con dos años en el país y 5.000 dólares ahorrados.
Ani empezó preguntando si tenía deudas. Liliana aclaró que no, que solo tenía una tarjeta que pagaba completa cada mes, y que esos 5.000 dólares eran un ahorro aparte de sus gastos. Ani explicó cómo lo analizaría:
- Según la edad de la persona, consideraría una IUL o una cuenta Roth IRA.
- La Roth IRA también crece con interés compuesto, pero tiene requisitos, incluidos límites de ingreso establecidos por el IRS, así que primero revisaría el ingreso y cómo declara la persona: soltera, cabeza de familia u otra condición.
- También le explicaría que el dinero quieto pierde valor: aunque la cuenta siga mostrando 5.000 dólares, la inflación se va comiendo su poder de compra.
- Si la persona se siente insegura sin ver ese dinero, le propondría dejar la mitad como respaldo e invertir la otra mitad según su caso.
Segundo escenario: la casa de los sueños
El segundo escenario: una mujer casada, con dos hijos, que tiene el dinero para la inicial de la casa de sus sueños. Ani respondió con una pregunta:
¿Tú quieres una casa de tus sueños hoy? Porque tus sueños de hoy no van a ser los mismos sueños del mañana.
Le plantearía la alternativa de hacer primero una inversión de calidad para, en unos años, comprarse la casa que realmente quiera. Explicó que la casa donde vives no se puede depreciar en los impuestos; solo las viviendas de inversión. Su propuesta sería usar ese dinero para comprar propiedades de inversión, rentarlas, y que la depreciación de esas casas sirva de puente: ayuda a reducir los impuestos mientras el ingreso declarado se mantiene alto, lo que luego facilita calificar para la casa deseada.
Su consejo de fondo fue no enamorarse, porque la gente suele comprar con la emoción. No es que siempre se cometan errores, aclaró, pero se pueden hacer negocios de mejor calidad para la familia.
Si el cliente insiste en comprar su casa, Ani le propone que la compre y la viva dos años, porque está segura de que después de ese tiempo ya no será la casa de sus sueños y querrá otra. Explicó que, si de verdad surge la necesidad de mudarse, por ejemplo porque los hijos cambian de colegio y la casa queda lejos, se puede rentar la anterior y pedir otro préstamo para una nueva residencia principal con una inicial baja, siempre que exista una justificación real y la vayas a vivir. Contó que ella misma se ha mudado muchas veces viviendo cada casa. Con el tiempo, el banco te pedirá una inicial mayor, pero para entonces ya habrás construido varias propiedades. Liliana resumió la estrategia: la primera se alquila y se vive en la siguiente, y así se crece en activos y uno se vuelve muy atractivo para los bancos.
Cuántas tarjetas de crédito tener y por qué no cerrar las viejas
Liliana compartió su propia experiencia. Al llegar le dieron una tarjeta de crédito, siempre la pagó completa y su crédito empezó a crecer. Le llegaron más ofertas y le aconsejaron aceptarlas. Con la quinta tarjeta, su score bajó de 770 a 710. Le dijeron que tenía demasiado crédito y, siguiendo otro consejo, cerró una de las primeras tarjetas, de bajo límite, porque ya tenía otras mucho más altas.
Ani le respondió que ahí había información falsa: no es cierto que mucho crédito sea malo. Ella tiene 12 tarjetas personales, algunas de apenas 500 dólares, y nunca piensa cerrarlas. Contó que una de ellas es de una tienda de centro comercial, con intereses altísimos, que aceptó al llegar porque le daban un gran descuento en la compra de ese día; se llevó los productos y la pagó a los pocos días. Hoy, cuando va con su hija adolescente a esa tienda, usa esa tarjeta para mantenerla activa. Lleva nueve años con ella.
Sus consejos sobre tarjetas fueron:
- No cierres tarjetas antiguas. El score funciona con el historial: si cierras una tarjeta que tiene mucho tiempo contigo, pierdes ese historial y esa estabilidad, sin importar el límite.
- Úsalas de vez en cuando. Si pasas años sin usar una tarjeta, el banco te la puede cerrar. Ani pone gasolina con las personales y las paga a los 15 o 20 días.
- Pide aumentos de límite. Hay bancos que suben el límite en línea o por teléfono sin hacer una consulta dura a tu crédito.
- Ten acceso, pero no lo uses. Tener límites altos sin usarlos le dice al banco que no necesitas su dinero para financiarte, y por eso te abre las puertas.
- Cuida el uso de las tarjetas personales. Un gasto pequeño reportado en una tarjeta personal puede bajarte puntos, porque funcionan distinto a las de negocio.
Liliana preguntó cuántas tarjetas es lo ideal. Ani respondió que no cree que haya un límite fijo; ella simplemente dejó de aceptar tarjetas personales cuando se sintió cómoda con los límites que tenía.
Las tarjetas empresariales al 0%
Ani contó que muchos clientes le preguntan cómo el banco le sigue prestando después de comprar tantas propiedades. Su respuesta: no tiene deudas personales. Las deudas las tienen sus empresas.
Explicó que recibe tarjetas empresariales en las que ella es la garante, pero con 0% de interés durante un período. Usa ese dinero para el negocio y lo paga antes de que termine el plazo, porque después el interés puede rondar el 30%. Así no paga intereses, y cuando le revisan el crédito personal no aparece deuda.
Si tú tienes disciplina financiera, puedes hacerlo. Esto no lo pueden hacer todas las personas.
Advirtió que el riesgo es que la gente ve un pago mensual mínimo, no se planifica para liquidar el saldo antes de los doce meses y termina con una bola de nieve que no sabe cómo controlar.
¿Propiedades a tu nombre o en una empresa?
Liliana le preguntó si conviene comprar casas a título personal o a través de una empresa. Ani respondió que depende:
- Las propiedades de inversión, sobre todo las que renta por Airbnb, las tiene en empresas, porque el riesgo es mayor: entra mucha más gente que una familia que vive un año.
- Si vas a vivir la casa, tiene que estar a tu nombre, porque estás recibiendo el beneficio de una inicial baja.
- Con el tiempo, el banco puede permitir pasarla a una empresa, pero el cambio tiene que tener sentido y nunca debe desmejorar la garantía. Si antes pagaban la casa dos personas, no puedes pedir que ahora la pague solo una que gana menos.
- Si nunca te has atrasado y puedes demostrar que vas a seguir pagando, los bancos regularmente lo permiten.
Liliana comentó que a ella le costó al principio porque no tuvo una guía así, y que encontrar a alguien que te oriente desde que llegas te hace crecer más rápido, porque en este país cada error se paga en puntos de crédito y en dinero.
Un sí y un no sobre el dinero
Liliana le pidió un sí y un no sobre qué hacer con el dinero. Ani dijo que el no era el más fácil: dejen de gastar en cosas que los empobrecen. Salgan de casa cada día con un propósito, y no vayan a caminar por el centro comercial a ver qué encuentran, que para ella es el peor error.
El sí: siéntense, tomen una hoja y hagan un presupuesto. “Si usted está organizado, no hay forma de fallar”, afirmó. También aconsejó dejar las emociones a un lado cuando se trata de dinero y no preocuparse por el qué dirán.
Contó su propio sacrificio: durante dos años no iba a la playa sin llevar sándwiches hechos en casa, no entraban a restaurantes, no compraban café afuera y se lo preparaban para llevar a la oficina. Les prometió a su familia que, pasado ese tiempo, ellos iban a elegir a dónde viajar.
Tienes que estar dispuesto a hacer un sacrificio inicial. Si lo haces, después, cuando estás más tranquilo económicamente, ya es lo que te sale natural.
Hoy, dijo, le encanta comer fuera y lo hace, pero quiere hacerlo sin preocuparse por cuánto será la cuenta cuando llegue el mesero. Para llegar ahí hay que organizarse, asignar cada dinero a su propósito y, una vez en el carril, destinar más al entretenimiento. Liliana añadió que vivir angustiado por el dinero perjudica la salud y que nadie quiere una vida llena de estrés.
Tres rutinas diarias
Liliana le pidió tres rutinas que haya adoptado y que le hayan cambiado la vida. Ani compartió estas:
- La lista de la noche anterior. Anota en las notas del teléfono las cosas que no puede dejar de hacer al día siguiente, y durante el día las va marcando a medida que las cumple.
- La reunión familiar de cada noche. Considera fundamental que toda la familia esté involucrada, porque es muy difícil que una sola persona cambie los hábitos de una casa. Todas las noches conversa con sus hijos sobre cómo les fue y en qué anda la mente de cada uno. Sus hijos conocen de finanzas desde pequeños y trabajan con ella cuando no tienen clases. Les explica cosas como que dejar las luces encendidas sube la factura eléctrica y eso limita las vacaciones, y a su hija, a quien le encanta el maquillaje, le asignó un presupuesto en el que tiene que entrar. Si alguien anuncia que va a gastarlo todo, ahí mismo lo ataja.
- Revisar correos y mensajes cada mañana. Lo primero que hace al despertar es revisar el correo electrónico. Además, como la empresa recibe entre 400 y 500 mensajes de WhatsApp al día, y aunque hay un equipo de ocho personas atendiendo, ella revisa a diario que ningún cliente se haya quedado sin respuesta a tiempo.
Explicó que esa última rutina tiene que ver con la calidad de servicio. Ella fue una clienta maltratada y lo usó como impulso, pero no todas las personas reaccionan igual. Además, manejan temas delicados: si no actúan a tiempo, un cliente puede perder dinero, y esos errores se pagan muy caros. Liliana se identificó, porque ella también revisa a diario que su equipo responda a cada paciente.
Si lo perdiera todo
Liliana le preguntó si podría recuperarse si perdiera todo lo que ha logrado. Ani respondió que no le preocuparía, porque sabe cómo recuperarse rápido, y estimó que en un año podría hacerlo tranquilamente.
Contó que el dinero ya no es una preocupación para ella, y que ahora quiere que todo su equipo crezca económicamente: dos personas de su equipo ya compraron sus propiedades y van por la segunda. Insistió en que no se trata de pasar de un punto a otro de la noche a la mañana, sino de empezar con compromiso, enfoque y disciplina. Tiene clientes que manejan para Uber, sin empresa propia, y ya van por su segunda casa.
¿Tú quieres tener hoy un minuto de felicidad, o quieres decirle a tu familia: elijan el sitio a donde quieran irse de vacaciones?
Para Ani, comprar algo que te trae pobreza es perjudicarte, y quererte y valorarte también significa pensar antes de gastar. Recordó que las vacaciones en familia son necesarias para compartir y despejar la mente, pero que no se pueden disfrutar con problemas económicos.
Salud, dinero y amor, del uno al diez
Haciendo honor al nombre del podcast, Liliana le pidió calificar sus tres pilares de vida.
Salud: 9. Ani explicó que se cuida, va a sus chequeos y está pendiente, pero que en temporada de impuestos no respeta los horarios de comida ni duerme lo suficiente. Liliana le recordó que de nada vale el dinero si la falta de sueño termina afectando la salud.
Dinero: 10. Aclaró que no es porque haya alcanzado una meta final, ya que siempre va a seguir soñando y creciendo, sino porque no tiene preocupaciones de pago. Con los años preparó un colchón financiero para cubrir la hipoteca durante un buen tiempo si ocurriera algo grave, de modo que no vive con miedo por los gastos de su familia. Aun así tiene muchas aspiraciones: quiere que la empresa siga creciendo y que las personas que trabajan con ella también crezcan. Les dice a diario que aprendan todo lo que puedan, porque cuando la empresa abra nuevas oficinas quiere que las dirijan personas que hayan sido sus clientes, gente con potencial que quizás no ha tenido la oportunidad de dejar las aplicaciones y formarse en una oficina. Siempre, dijo, intentan apoyar a la misma gente que los ha apoyado durante años.
Amor: 8. Ani explicó que para ella el amor no es solo de pareja ni solo con los hijos, sino la manera en que te relacionas con las personas en general.
El mensaje final
Liliana le agradeció y le pidió un último mensaje para la audiencia. Ani lo dejó así:
Aunque hoy su realidad no sea la que usted espera, créame que si toma responsabilidad, se sienta con su familia con una hojita y un lápiz y empieza a escribir todas sus deudas, todos sus compromisos y todo su ingreso, y se organiza, va a poder salir adelante.
Ani contó que se le puede encontrar como Ani Miller Services en YouTube, Instagram, Facebook y TikTok.
Este episodio de Salud, Dinero y Amor es una de las conversaciones más prácticas de Ani: va de su historia personal, de la banca venezolana a las aplicaciones de delivery, a herramientas concretas como construir crédito sin cerrar tarjetas antiguas, exigir que el preparador de impuestos pregunte por propiedades y vehículos, usar la depreciación y comprar la primera casa con estrategia y sin dejarse llevar por la emoción. El hilo de fondo es siempre el mismo: organizarse, hacer un sacrificio inicial y seguir el plan con disciplina.
Video: canal y podcast Salud, Dinero y Amor con Liliana Pérez.
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